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jueves, 27 de enero de 2022

 


Jesús nuestro reposo

Uno de los grandes problemas de nuestros días es el agotamiento físico y emocional.   Posiblemente el aumento de los problemas relacionados con la mente se ha conocido con mayor detalle en los últimos años, a causa del mayor conocimiento al respecto, sin embargo, es una verdad irrefutable que nuestra sociedad está cansada.

Hebreos capítulo 3, nos va a hablar sobre un reposo que es capaz de entregar descanso y calma a quién determine de manera consciente aceptarlo.

El autor de la carta ya ha señalado que Jesús es superior a los profetas y a los ángeles, cuestiones que para los oidores de la carta dichos elementos eran fundamentales en su vida y liturgia; ahora les dice que el Hijo es superior a Moisés, quien era un ícono de autoridad. Moisés quien fue el libertador de Israel y que hablaba con Dios cara a cara (Nm 12:6-8). En el argumento de la carta, los profetas, los ángeles y Moisés, están bajo la trascendencia del Hijo, por que es la expresión misma de Dios (He 1:2).

Moisés tuvo gloria, pero del Hijo tuvo más gloria, porque es el fundamento de la casa (3:6). Quienes han creído en Cristo, son “participantes del llamamiento celestial” (3:1). Sobre este tema del llamamiento por parte de Dios a los creyentes, se centra en lo relacionado a la salvación del pecado y sus consecuencias. Un llamado a seguir a Cristo que incluye la aceptación del poder sobrenatural para cambiar las percepciones en quienes lo aceptar como su salvador y Señor. 

El problema del pecado es central en la humanidad y totalmente inhabilitador para que las personas sean libres de su sometimiento. El pecado es el real causante de todas las desgracias; es literalmente una carga pesada e insoportable para la débil naturaleza humana.  El pecado no solo trajo la muerte, sino que también la esclavitud. Entre otras cosas, las enfermedades de todo tipo son un resultado del pecado, incluso el Coronavirus que tiene sometido aún al planeta, causando enfermedad y muerte. 

Los pecadores que no han aceptado el llamado de Cristo viven como esclavos del pecado y sus consecuencias. En realidad, este es el tema del evangelio; salvar y liberar a los esclavos por el pecado (Lc 4:28). Pero Jesús invita permanentemente a encontrar la solución al problema. El señaló, “venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mt 11:28). Por otro lado, el llamado proviene de quien ha estado con Jesús desde siempre; son llamados por la acción del Padre quien es el que siempre ha estado con el Hijo. “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Jn 6:44), la expresión original aquí sería que somos ‘arrastrados’ por el Padre poniendo un acento importante en el anhelo por parde de Dios que podamos ser salvos.

La intención y deseo de Jesús es proveer descanso, reposo a quienes están agobiados por el pecado, porque al ir a Jesús obtenemos descanso y paz como en ningún otro lugar, ya que sólo Él es capaz de brindar la paz (Jn 14: 27) que el mundo no puede dar.

“Si oyereis hoy su voz”

Lo que sigue a continuación es muy gráfico sobre el pecado y sus consecuencias, pero también sobre esta invitación que se hace y que no se debe dejar pasar como aconteció en el pasado.  Otro elemento que se presenta aquí es lo que impide que la obra de liberación y sanadora por parte de Cristo sea realizada. Este elemento es la soberbia espiritual que condenó a toda una generación a la muerte y le impidió disfrutar del descanso prometido. Dicha soberbia puede ir desde la incredulidad, como es el caso acá descrito, pero también la soberbia de creer que son las obras mérito de salvación, cuestión que Calvino señalaba como idolatría.

El relato nos lleva a la experiencia de Israel en el desierto.  Dicha experiencia fue trascendental y determinante para que Israel vagara ‘perdido’ durante 40 años, cuando pudo haber disfrutado del premio mucho antes.  El autor de la carta toma de David para hablar de las nefastas consecuencias sobre la incredulidad (Sal 95:7-11), “como en la provocación, en el día de la tentación… donde me tentaron vuestros padres; me probaron” (He 3:8, 9).

El pueblo era muy renuente a molestarse y discutir en relación con la dirección que Dios conducía su recorrido hacia la tierra prometida. Un ejemplo de ello es cuando objetivamente el pueblo se vio sin agua en Refidim y “altercó el pueblo con Moisés, y dijeron: danos agua para que bebamos. Y Moisés les dijo: ¿Por qué altercáis conmigo? ¿Por qué tentáis a Jehová?” (Ex 17:2). Por supuesto que esta tentación no se refiere a instigar a Dios a pecar, sino que es una manifiesta acción de confrontación directa con Él.  También hay una referencia a Cades, lugar que se ha transformado en un símbolo del rechazo a la salvación.  En Cades el pueblo determinó no avanzar según la promesa, aunque el informe de todos los espías coincidía que la tierra era como la que Jehová les había prometido, sólo dos de ellos apoyaron avanzar -Josué y Caleb- y los otros diez no (Nm 13, 14). Ambos casos tuvieron consecuencias directas, Dios ejecutó juicios, en el primero hubo muertos, en el segundo Dios determinó que sólo los jóvenes entrarían en la tierra prometida, los demás murieron en el desierto.

El ejemplo es útil y la invitación es muy clara, “si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación” (He 3:15). El endurecer los corazones se relaciona con aquellos que se oponen a Dios, como Faraón, por ejemplo, que endureció su corazón y de manera obtusa impedía que Israel saliera de Egipto; el énfasis aquí es porque “andan vagando en su corazón” (v.10). un corazón endurecido es un fuerte impenetrable a la acción del Espíritu Santo. No es que no tenga poder, sino que la única manera para que pueda actuar es cuando se le permite actuar. Isaías lo describe de manera muy clara, Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos” (Is 55:8). El pecado se habitúa, porque ‘siempre andan vagando en su corazón’, cuestión que es característica de quien está distante de Dios, no porque Dios así lo desee, sino porque así lo ha determinado en su corazón. 

El descanso se promete a aquellos que no rechazan la invitación que se les hace, la misma que hizo Jesús de descansar en Él. El mayor obstáculo es la incredulidad que conduce a la no aceptación de la salvación.  La incredulidad, aparece como el mayor de los males en nuestros días. Un tiempo de comprobación científica de todo y que en muchos debilita la fe y la confianza en un Dios sobrenatural que es capaz de atender a cada uno de los que lo aceptan. En realidad, Él se encarga de todos, sin embargo, el descanso o reposo es sólo para quienes lo buscan y aceptan. 

Una de las consecuencias de la aceptación es la obediencia, obediencia que viene como resultado de la invitación. Israel desobedeció y no entró en el reposo; si lo hubiera hecho, habrían entrado. Lo mismo acontece con nosotros, la aceptación a la invitación de Jesús trae como consecuencia la obediencia, porque la obra de salvación incluye la rehabilitación de los pecadores (Lc 6:46; Jn 14: 15, 21, 23, 24, 28; 1Pe 1:2; Ef 2:1-3), esto en ningún caso quiere decir que somos salvos por la obediencia, sino que es el resultado lógico de haber aceptado la invitación.

El reposo prometido en Cristo es que su influencia vivificadora se manifiesta en el creyente.  Ya el reinado del pecado acabó gracias al éxito del segundo Adán (Ro 5:15), entonces en Cristo los pecadores obtenemos descanso y paz, reposo de las obras del mal. Para acceder a dicho reposo no podemos ir con incredulidad, porque lo aceptamos por fe y por fe le permitimos actuar en nuestro ser completo.

 

El reposo sabático símbolo del reposo en Cristo

El ejemplo del día de reposo es importante. Aunque no es el tema hablar del sábado y su importancia que sabemos tiene, aquí se usa el reposo del sábado para ilustrar lo que es Jesús.  El día de reposo, es más que el sábado que para nosotros es el día especial de adoración y día para congregarnos de manera especial también. El sábado también es Cristo o una ilustración de lo que es nuestro Señor. Por ello que Hebreos 4: 3, hace una referencia al sábado de la creación como un símbolo del reposo que ofrece el Señor a los que aceptan la ‘invitación’.

Consideremos la siguiente relación de los días de la creación y lo que fue creado. El primer día Dios creó la Luz (Gn 1:3-5), pero las lumbreras aparecieron el tercer día (1: 14-19), el segundo día fueron creados el firmamento, el cielo y el mar (1: 6-8) y el quinto los ocupantes: las aves y los peses (1: 20-23); el tercer día la tierra seca y la vegetación (1:9-11), y el sexto los animales terrestres y al ser humano (1: 24; 26-31). ¿Y el sábado que fue creado? En realidad, no fue creado nada. El sábado aparece como el día en que Jehová ‘viene’ a estar con su creación; es ‘Dios con nosotros’. Una figura hermosa que nos habla de Jesús que es ‘Dios con nosotros’. Por ello, y, además, de lo importante que es el sábado en nuestra vida de adoración a Dios, el sábado debemos entender que Dios ‘viene’ a estar con nosotros de manera especial, en el día de ‘reposo’ para estar con el dador del reposo.

‘Queda un reposo’

“Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios” (4:9), esta aseveración es decir literalmente una culminación, algo pleno y completo, como el reposo sabático que aparece luego de la obra de la creación que fue culminada, esta expresión es la única en el Nuevo Testamento; queda un sábado de descanso, entrar en dicho reposo es participar de manera plena de la redención y la salvación. Una redención que fue plena, completa y que a la ofrenda del calvario no se le adiciona nada.

Dicho reposo es posible disfrutar desde el día que aceptamos su invitación a descansar, a reposar. Pasar de muerte a vida (Jn 5:24), pasar de las tinieblas a su luz admirable (1Pe 2:9), pasar de una vida temporal a la eterna (Jn 10:28), porque en ese trayecto de nueva vida en Cristo, está su segunda venida que colmará de gozo, paz y reposo a sus hijos que aceptaron hoy la invitación.  Al reposo se accede sin dudar, sin resistirse, se accede con fe, sin incredulidad, sólo así hoy accedemos al reposo en Cristo y un día nos gozaremos cuando aparezca por segunda vez, “sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” (He 9:28).

 Pr. Aarón A. Menares Pavez ©(Th.D)

 

 

 


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