Jesús nuestro reposo
Uno de los grandes problemas de
nuestros días es el agotamiento físico y emocional. Posiblemente el aumento de los problemas
relacionados con la mente se ha conocido con mayor detalle en los últimos años,
a causa del mayor conocimiento al respecto, sin embargo, es una verdad irrefutable
que nuestra sociedad está cansada.
Hebreos capítulo 3, nos va a hablar
sobre un reposo que es capaz de entregar descanso y calma a quién determine de
manera consciente aceptarlo.
El autor de la carta ya ha
señalado que Jesús es superior a los profetas y a los ángeles, cuestiones que
para los oidores de la carta dichos elementos eran fundamentales en su vida y
liturgia; ahora les dice que el Hijo es superior a Moisés, quien era un ícono
de autoridad. Moisés quien fue el libertador de Israel y que hablaba con Dios
cara a cara (Nm 12:6-8). En el argumento de la carta, los profetas, los ángeles
y Moisés, están bajo la trascendencia del Hijo, por que es la expresión misma
de Dios (He 1:2).
Moisés tuvo gloria, pero del Hijo
tuvo más gloria, porque es el fundamento de la casa (3:6). Quienes han creído en
Cristo, son “participantes del llamamiento celestial” (3:1). Sobre este tema
del llamamiento por parte de Dios a los creyentes, se centra en lo relacionado
a la salvación del pecado y sus consecuencias. Un llamado a seguir a Cristo que
incluye la aceptación del poder sobrenatural para cambiar las percepciones en
quienes lo aceptar como su salvador y Señor.
El problema del pecado es central
en la humanidad y totalmente inhabilitador para que las personas sean libres de
su sometimiento. El pecado es el real causante de todas las desgracias; es
literalmente una carga pesada e insoportable para la débil naturaleza
humana. El pecado no solo trajo la
muerte, sino que también la esclavitud. Entre otras cosas, las enfermedades de
todo tipo son un resultado del pecado, incluso el Coronavirus que tiene sometido
aún al planeta, causando enfermedad y muerte.
Los pecadores que no han aceptado
el llamado de Cristo viven como esclavos del pecado y sus consecuencias. En realidad,
este es el tema del evangelio; salvar y liberar a los esclavos por el pecado
(Lc 4:28). Pero Jesús invita permanentemente a encontrar la solución al
problema. El señaló, “venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados, y
yo os haré descansar” (Mt 11:28). Por otro lado, el llamado proviene de quien
ha estado con Jesús desde siempre; son llamados por la acción del Padre quien
es el que siempre ha estado con el Hijo. “Ninguno puede venir a mí, si el Padre
que me envió no le trajere” (Jn 6:44), la expresión original aquí sería que
somos ‘arrastrados’ por el Padre poniendo un acento importante en el anhelo por
parde de Dios que podamos ser salvos.
La intención y deseo de Jesús es
proveer descanso, reposo a quienes están agobiados por el pecado, porque al ir
a Jesús obtenemos descanso y paz como en ningún otro lugar, ya que sólo Él es
capaz de brindar la paz (Jn 14: 27) que el mundo no puede dar.
“Si oyereis hoy su voz”
Lo que sigue a continuación es muy
gráfico sobre el pecado y sus consecuencias, pero también sobre esta invitación
que se hace y que no se debe dejar pasar como aconteció en el pasado. Otro elemento que se presenta aquí es lo que
impide que la obra de liberación y sanadora por parte de Cristo sea realizada. Este
elemento es la soberbia espiritual que condenó a toda una generación a la
muerte y le impidió disfrutar del descanso prometido. Dicha soberbia puede ir
desde la incredulidad, como es el caso acá descrito, pero también la soberbia
de creer que son las obras mérito de salvación, cuestión que Calvino señalaba
como idolatría.
El relato nos lleva a la
experiencia de Israel en el desierto. Dicha
experiencia fue trascendental y determinante para que Israel vagara ‘perdido’ durante
40 años, cuando pudo haber disfrutado del premio mucho antes. El autor de la carta toma de David para hablar
de las nefastas consecuencias sobre la incredulidad (Sal 95:7-11), “como en la
provocación, en el día de la tentación… donde me tentaron vuestros padres; me
probaron” (He 3:8, 9).
El pueblo era muy renuente a
molestarse y discutir en relación con la dirección que Dios conducía su
recorrido hacia la tierra prometida. Un ejemplo de ello es cuando objetivamente
el pueblo se vio sin agua en Refidim y “altercó el pueblo con Moisés, y dijeron:
danos agua para que bebamos. Y Moisés les dijo: ¿Por qué altercáis conmigo?
¿Por qué tentáis a Jehová?” (Ex 17:2). Por supuesto que esta tentación no se
refiere a instigar a Dios a pecar, sino que es una manifiesta acción de
confrontación directa con Él. También hay
una referencia a Cades, lugar que se ha transformado en un símbolo del rechazo
a la salvación. En Cades el pueblo
determinó no avanzar según la promesa, aunque el informe de todos los espías coincidía
que la tierra era como la que Jehová les había prometido, sólo dos de ellos
apoyaron avanzar -Josué y Caleb- y los otros diez no (Nm 13, 14). Ambos casos
tuvieron consecuencias directas, Dios ejecutó juicios, en el primero hubo muertos,
en el segundo Dios determinó que sólo los jóvenes entrarían en la tierra prometida,
los demás murieron en el desierto.
El ejemplo es útil y la
invitación es muy clara, “si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros
corazones, como en la provocación” (He 3:15). El endurecer los corazones se
relaciona con aquellos que se oponen a Dios, como Faraón, por ejemplo, que endureció
su corazón y de manera obtusa impedía que Israel saliera de Egipto; el énfasis
aquí es porque “andan vagando en su corazón” (v.10). un corazón endurecido es
un fuerte impenetrable a la acción del Espíritu Santo. No es que no tenga
poder, sino que la única manera para que pueda actuar es cuando se le permite
actuar. Isaías lo describe de manera muy clara, Porque mis pensamientos no son
vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos” (Is 55:8). El pecado se
habitúa, porque ‘siempre andan vagando en su corazón’, cuestión que es
característica de quien está distante de Dios, no porque Dios así lo desee,
sino porque así lo ha determinado en su corazón.
El descanso se promete a aquellos
que no rechazan la invitación que se les hace, la misma que hizo Jesús de
descansar en Él. El mayor obstáculo es la incredulidad que conduce a la no
aceptación de la salvación. La incredulidad,
aparece como el mayor de los males en nuestros días. Un tiempo de comprobación
científica de todo y que en muchos debilita la fe y la confianza en un Dios sobrenatural
que es capaz de atender a cada uno de los que lo aceptan. En realidad, Él se
encarga de todos, sin embargo, el descanso o reposo es sólo para quienes lo
buscan y aceptan.
Una de las consecuencias de la
aceptación es la obediencia, obediencia que viene como resultado de la
invitación. Israel desobedeció y no entró en el reposo; si lo hubiera hecho,
habrían entrado. Lo mismo acontece con nosotros, la aceptación a la invitación
de Jesús trae como consecuencia la obediencia, porque la obra de salvación
incluye la rehabilitación de los pecadores (Lc 6:46; Jn 14: 15, 21, 23, 24, 28;
1Pe 1:2; Ef 2:1-3), esto en ningún caso quiere decir que somos salvos por la
obediencia, sino que es el resultado lógico de haber aceptado la invitación.
El reposo prometido en Cristo es
que su influencia vivificadora se manifiesta en el creyente. Ya el reinado del pecado acabó gracias al
éxito del segundo Adán (Ro 5:15), entonces en Cristo los pecadores obtenemos
descanso y paz, reposo de las obras del mal. Para acceder a dicho reposo no
podemos ir con incredulidad, porque lo aceptamos por fe y por fe le permitimos
actuar en nuestro ser completo.
El reposo sabático símbolo del
reposo en Cristo
El ejemplo del día de reposo es
importante. Aunque no es el tema hablar del sábado y su importancia que sabemos
tiene, aquí se usa el reposo del sábado para ilustrar lo que es Jesús. El día de reposo, es más que el sábado que
para nosotros es el día especial de adoración y día para congregarnos de manera
especial también. El sábado también es Cristo o una ilustración de lo que es
nuestro Señor. Por ello que Hebreos 4: 3, hace una referencia al sábado de la creación
como un símbolo del reposo que ofrece el Señor a los que aceptan la ‘invitación’.
Consideremos la siguiente
relación de los días de la creación y lo que fue creado. El primer día Dios
creó la Luz (Gn 1:3-5), pero las lumbreras aparecieron el tercer día (1:
14-19), el segundo día fueron creados el firmamento, el cielo y el mar (1: 6-8)
y el quinto los ocupantes: las aves y los peses (1: 20-23); el tercer día la
tierra seca y la vegetación (1:9-11), y el sexto los animales terrestres y al
ser humano (1: 24; 26-31). ¿Y el sábado que fue creado? En realidad, no fue
creado nada. El sábado aparece como el día en que Jehová ‘viene’ a estar con su
creación; es ‘Dios con nosotros’. Una figura hermosa que nos habla de Jesús que
es ‘Dios con nosotros’. Por ello, y, además, de lo importante que es el sábado
en nuestra vida de adoración a Dios, el sábado debemos entender que Dios ‘viene’
a estar con nosotros de manera especial, en el día de ‘reposo’ para estar con
el dador del reposo.
‘Queda un reposo’
“Por tanto, queda un reposo para
el pueblo de Dios” (4:9), esta aseveración es decir literalmente una
culminación, algo pleno y completo, como el reposo sabático que aparece luego
de la obra de la creación que fue culminada, esta expresión es la única en el
Nuevo Testamento; queda un sábado de descanso, entrar en dicho reposo es
participar de manera plena de la redención y la salvación. Una redención que
fue plena, completa y que a la ofrenda del calvario no se le adiciona nada.
Dicho reposo es posible disfrutar
desde el día que aceptamos su invitación a descansar, a reposar. Pasar de
muerte a vida (Jn 5:24), pasar de las tinieblas a su luz admirable (1Pe 2:9),
pasar de una vida temporal a la eterna (Jn 10:28), porque en ese trayecto de
nueva vida en Cristo, está su segunda venida que colmará de gozo, paz y reposo
a sus hijos que aceptaron hoy la invitación.
Al reposo se accede sin dudar, sin resistirse, se accede con fe, sin
incredulidad, sólo así hoy accedemos al reposo en Cristo y un día nos gozaremos
cuando aparezca por segunda vez, “sin relación con el pecado, para salvar a los
que le esperan” (He 9:28).
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