Mi Hijo eres tú
Es imposible no experimentar
admiración cuando hablamos de la persona de Cristo. Toda la historia de la salvación lo ha tenido
como centro y el eje indispensable en la solución al problema del pecado, por
ello Jesús es nuestro salvador. Por esto
es por lo que se hace trascendental, observar lo relativo a su encarnación. De
ello, la Biblia ha presentado tanto profecías en el Antiguo Testamento como su
cumplimiento en el Nuevo Testamento que nos conducen a la persona de Jesús,
dando cuenta que en Él se cumplieron las promesas mesiánicas. Por otro lado, comprender la naturaleza de
Cristo, será importante para percibir aún mejor su papel como nuestro
representante y vicario redentor como también que es lo que a nosotros los
pecadores nos toca para así ser salvados por Él.
La carta a los Hebreos como hemos
visto inicia hablando de la persona de Jesús, de su rol en el plan de
salvación, su cumplimiento profético y además se lo presenta como Dios hombre
que logró por medio de su obra sacrificial y representativa, la purificación de
nuestros pecados por sí mismo (He 1:3).
Anteriormente pudimos observar siete acciones del Hijo que están
presentes en los versículos 2 y 3 del capítulo 1. Dichas acciones dan cuenta de
la naturaleza divina y también humana de nuestro Redentor y de su condición
única que lo hacen nuestro Salvador.
El versículo 4 se habla de Jesús
como el Hijo, y que es mejor que cualquier criatura celestial, como son los
ángeles, sencillamente, porque Él no es una criatura más, sino que es junto al
Padre y al Espíritu Santo también el creador
de toda criatura como lo son los ángeles.
El texto señala de la siguiente
manera, de Jesús que “fue hecho tanto superior a los ángeles, cuando heredó más
excelente nombre que ellos” (v.4). El que Jesús haya sido ‘hecho’ superior a
los ángeles como señala el texto, en ninguna manera está diciendo que en algún
momento fue creado ‘tanto superior que los ángeles’, debemos entender el texto
en su contexto, porque no está hablando sobre un supuesto origen del Hijo, sino
que está hablando sobre su rol como el salvador, como el sustituto, como la
ofrenda que ha sido útil para solucionar el problema del pecado.
Los ángeles son seres creados (Co
1:16), por lo que son súbditos de Dios y le deben honra y gloria, así como
todas las criaturas. El Hijo en tanto no, porque es Dios, ya que la plenitud de
Dios habita en Él (Col 2:9). Los ángeles fueron creados con inteligencia y
emociones propias, por ello alaban a Dios por sus grandezas (Lc 2:13). Están
sujetos a Dios y cumplen una función en cuanto a nosotros de ser colaboradores
de apoyo mientras estemos en este mundo, hasta que el Señor regrese o que
bajemos al descanso (Sal 91:11). La Biblia menciona muchas ocasiones en que los
ángeles manifestaron actividad en un contexto específico. Los ángeles también
han participado y colaborado en la manifestación profética como por ejemplo con
Daniel (Dn 9:21) e incluso en el contexto del nacimiento de Jesús (Lc 2:13).
Jesús es superior que los ángeles
porque también participó de su creación, como todo lo creado en este planeta y
en el universo. El texto dice que Jesús “heredó más excelente nombre que
ellos”, es decir ‘más excelente’, más ‘diferente’ que el de los ángeles, porque
su nombre es superior a todo nombre, porque es el Hijo, porque es Dios. Dicho
‘nombre’ ya era suyo incluido en el contexto de su humillación (He 5:8) y antes
de la creación (He 1:2).
Aunque entendemos que la dignidad
del Hijo es de siempre, ocurre algo singular, al humanizarse y cumplir el rol
de representante de la humanidad. En Jesús encontramos la unión perfecta entre
la divinidad y la humanidad, por ello es que llegó a ser el único puente que
los pecadores encontramos para acudir a Dios y librarnos del pecado. La muerte
vicaria de Jesús cumple con los requerimientos que exigía la justicia divina
por el pecado, porque nada ni nadie podría haberlo logrado. Por ello es el canto
de gloria que toda la creación celebra porque Jesús el León triunfó y fue capaz
de desatar los sellos y con ello calmar el llanto de Juan, lo maravilloso de
esta visión es que el triunfo del león lo realiza como un cordero degollado (Ap
5:5); Jesús, el Cordero que quita el pecado del mundo (Jn 1:29). Pero es en la resurrección de Cristo, cuando
el Padre ante todo el universo lo declara como el Hijo encarnado, como el gran
y único triunfador sobre el pecado. Así lo describe Lucas, “la cual Dios ha
cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús; como está
escrito también en el Salmo segundo: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado” (Hch
13:33).
“Yo te he engendrado”
"Porque ¿a cuál de los
ángeles dijo Dios jamás: Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy, y otra vez,
¿yo seré a él Padre y él me será a mi hijo? (He 1: 5)
El autor de la carta toma del
Antiguo Testamento siete citas para fundamentar su propuesta (Sal 2:7; 2Sa
2:14; Sal 89: 27; 97: 7; 104: 4; 45: 6; 102: 25-27; 110:1), cinco de ellas de
los Salmos, una de los libros históricos y una del Pentateuco.
Como una primera observación, el
texto nos deja claro el contraste entre los ángeles y el Hijo. En la Biblia los
ángeles son también denominados como “Hijos de Dios” (Gn 6:2, 4; Job 1:6; 2:1;
38:7), porque son criaturas de Dios. De Jesús en tanto se lo señala como Hijo
de Dios, con las cualidades únicas que ya hemos señalado. A ninguno de los
ángeles se lo llama como el Hijo de Dios en particular, sino como hijos de Dios.
Jesús es presentado aquí como el ‘Hijo’ de Dios como la esencia misma de Dios,
como Dios mismo.
Para nuestra reflexión vamos a considerar dos de las siete citas. la primera es de Salmos y se refiere de la siguiente manera, “Yo publicaré el decreto; Jehová te ha dicho: mi hijo eres tú; yo te engendré hoy” (Sal 2:7). Pablo señala de Jesús, “que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos” (Ro 1:4), por lo que en este sentido estaría su originalidad y no por ser derivado por ser engendrado como podemos entender en la naturaleza nuestra, ya que el Hijo es tan eterno como el Padre y el Espíritu Santo, sin embargo, es el único de los tres que murió y resucitó. Es evidente de acuerdo con el contexto que el autor de la carta no está pensando en otra cosa que el lugar de privilegio de Jesús como el cumplimiento mesiánico, es importante la entronización de Cristo después de su resurrección, porque vino como un siervo y llegó a ser reconocido como Mesías.
El segundo texto para considerar
está en el contexto del reinado de David y su deseo de edificar una casa para
el Señor, se le señala que un descendiente de él será quien recibirá todo el
honor. David ocupa un lugar importante en la genealogía humana de Cristo, no
obstante, cada uno de los descendientes de David, como Salomón que construyó el
templo y que precedieron a Jesús, son parte de dicha línea genealógica que
conducía al que cumpliría la profecía como el Mesías.
En realidad, más allá de la construcción del
templo hay un mensaje mesiánico referido a Cristo como descendiente de David en
su genealogía humana. “Yo le será a él Padre, y él me será a mi hijo” (2Sm
7:14). Los profetas anunciaron que este ‘hijo’ sería el Señor de Israel (Mi
5:2), que sería el Hijo dado, un príncipe de cuatro nombres; “admirable,
consejero Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de Paz” (Is 9:6); Señor y Maestro
de las naciones (Is 55:4); quien tendría todo el derecho (Ez 21:27).
El cumplimiento de esta profecía
hecha a David es celebrado por boca de Zacarías, el padre de Juan el Bautista, “bendito
el Señor Dios de Israel, que ha visitado y redimido a su pueblo” Lc 1:68). El Hijo,
el cumplimiento de la profecía veterotestamentaria, tan anhelada, ve su
cumplimiento en los días de Jesús y el Nuevo Testamento testifica de ello. Dios
ha provisto la salvación por medio de “su Hijo, nuestro señor Jesucristo, que
era del linaje de David según la carne” (Ro 1:3).
Entonces ante la pregunta si a
algún ángel le ha declarado Hijo, la respuesta es a ninguno, porque sólo Jesús
es su Hijo unigénito, por lo que es totalmente superior a cualquier ángel.
Entonces por ello y al poner el énfasis en lo que hemos descrito se “dice:
adórenle todos los ángeles de Dios” (v6), porque es digno de toda alabanza, por
ser Dios, pero también, por ser declarado Hijo, triunfador y reconocido por
toda criatura como el Señor.
Adoremos al Hijo
Al finalizar esta reflexión, solo
nos queda recordar que nuestro Salvador ha sido declarado por Dios como el Hijo
de Dios en poder cuando logró la victoria en su resurrección. Es por ello por
lo que hoy nosotros, que somos menos que los ángeles podemos de manera sencilla
acercarnos a Dios; por medio de quien ganó el derecho de establecer un puente
propicio para que podamos buscar la salvación. Es sólo en Jesús que podemos
tener esperanza y es sólo en Él que tenemos la oportunidad de una nueva vida.
Entonces podemos ir con todo lo que somos, o sin nada y en adoración entregar
nuestro corazón, para que así Él realice su obra de redención en cada uno de
nosotros.
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