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miércoles, 12 de enero de 2022

 



Mi Hijo eres tú

Es imposible no experimentar admiración cuando hablamos de la persona de Cristo.  Toda la historia de la salvación lo ha tenido como centro y el eje indispensable en la solución al problema del pecado, por ello Jesús es nuestro salvador.  Por esto es por lo que se hace trascendental, observar lo relativo a su encarnación. De ello, la Biblia ha presentado tanto profecías en el Antiguo Testamento como su cumplimiento en el Nuevo Testamento que nos conducen a la persona de Jesús, dando cuenta que en Él se cumplieron las promesas mesiánicas.  Por otro lado, comprender la naturaleza de Cristo, será importante para percibir aún mejor su papel como nuestro representante y vicario redentor como también que es lo que a nosotros los pecadores nos toca para así ser salvados por Él.

La carta a los Hebreos como hemos visto inicia hablando de la persona de Jesús, de su rol en el plan de salvación, su cumplimiento profético y además se lo presenta como Dios hombre que logró por medio de su obra sacrificial y representativa, la purificación de nuestros pecados por sí mismo (He 1:3).  Anteriormente pudimos observar siete acciones del Hijo que están presentes en los versículos 2 y 3 del capítulo 1. Dichas acciones dan cuenta de la naturaleza divina y también humana de nuestro Redentor y de su condición única que lo hacen nuestro Salvador.

El versículo 4 se habla de Jesús como el Hijo, y que es mejor que cualquier criatura celestial, como son los ángeles, sencillamente, porque Él no es una criatura más, sino que es junto al Padre y al Espíritu Santo  también el creador de toda criatura como lo son los ángeles. 

El texto señala de la siguiente manera, de Jesús que “fue hecho tanto superior a los ángeles, cuando heredó más excelente nombre que ellos” (v.4). El que Jesús haya sido ‘hecho’ superior a los ángeles como señala el texto, en ninguna manera está diciendo que en algún momento fue creado ‘tanto superior que los ángeles’, debemos entender el texto en su contexto, porque no está hablando sobre un supuesto origen del Hijo, sino que está hablando sobre su rol como el salvador, como el sustituto, como la ofrenda que ha sido útil para solucionar el problema del pecado.

Los ángeles son seres creados (Co 1:16), por lo que son súbditos de Dios y le deben honra y gloria, así como todas las criaturas. El Hijo en tanto no, porque es Dios, ya que la plenitud de Dios habita en Él (Col 2:9). Los ángeles fueron creados con inteligencia y emociones propias, por ello alaban a Dios por sus grandezas (Lc 2:13). Están sujetos a Dios y cumplen una función en cuanto a nosotros de ser colaboradores de apoyo mientras estemos en este mundo, hasta que el Señor regrese o que bajemos al descanso (Sal 91:11). La Biblia menciona muchas ocasiones en que los ángeles manifestaron actividad en un contexto específico. Los ángeles también han participado y colaborado en la manifestación profética como por ejemplo con Daniel (Dn 9:21) e incluso en el contexto del nacimiento de Jesús (Lc 2:13).

Jesús es superior que los ángeles porque también participó de su creación, como todo lo creado en este planeta y en el universo. El texto dice que Jesús “heredó más excelente nombre que ellos”, es decir ‘más excelente’, más ‘diferente’ que el de los ángeles, porque su nombre es superior a todo nombre, porque es el Hijo, porque es Dios. Dicho ‘nombre’ ya era suyo incluido en el contexto de su humillación (He 5:8) y antes de la creación (He 1:2). 

Aunque entendemos que la dignidad del Hijo es de siempre, ocurre algo singular, al humanizarse y cumplir el rol de representante de la humanidad. En Jesús encontramos la unión perfecta entre la divinidad y la humanidad, por ello es que llegó a ser el único puente que los pecadores encontramos para acudir a Dios y librarnos del pecado. La muerte vicaria de Jesús cumple con los requerimientos que exigía la justicia divina por el pecado, porque nada ni nadie podría haberlo logrado. Por ello es el canto de gloria que toda la creación celebra porque Jesús el León triunfó y fue capaz de desatar los sellos y con ello calmar el llanto de Juan, lo maravilloso de esta visión es que el triunfo del león lo realiza como un cordero degollado (Ap 5:5); Jesús, el Cordero que quita el pecado del mundo (Jn 1:29).  Pero es en la resurrección de Cristo, cuando el Padre ante todo el universo lo declara como el Hijo encarnado, como el gran y único triunfador sobre el pecado. Así lo describe Lucas, “la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús; como está escrito también en el Salmo segundo: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado” (Hch 13:33).


“Yo te he engendrado”

"Porque ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy, y otra vez, ¿yo seré a él Padre y él me será a mi hijo? (He 1: 5)

El autor de la carta toma del Antiguo Testamento siete citas para fundamentar su propuesta (Sal 2:7; 2Sa 2:14; Sal 89: 27; 97: 7; 104: 4; 45: 6; 102: 25-27; 110:1), cinco de ellas de los Salmos, una de los libros históricos y una del Pentateuco.

Como una primera observación, el texto nos deja claro el contraste entre los ángeles y el Hijo. En la Biblia los ángeles son también denominados como “Hijos de Dios” (Gn 6:2, 4; Job 1:6; 2:1; 38:7), porque son criaturas de Dios. De Jesús en tanto se lo señala como Hijo de Dios, con las cualidades únicas que ya hemos señalado. A ninguno de los ángeles se lo llama como el Hijo de Dios en particular, sino como hijos de Dios. Jesús es presentado aquí como el ‘Hijo’ de Dios como la esencia misma de Dios, como Dios mismo.

Para nuestra reflexión vamos a considerar dos de las siete citas. la primera es de Salmos y se refiere de la siguiente manera, “Yo publicaré el decreto; Jehová te ha dicho: mi hijo eres tú; yo te engendré hoy” (Sal 2:7). Pablo señala de Jesús, “que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos” (Ro 1:4), por lo que en este sentido estaría su originalidad y no por ser derivado por ser engendrado como podemos entender en la naturaleza nuestra, ya que el Hijo es tan eterno como el Padre y el Espíritu Santo, sin embargo, es el único de los tres que murió y resucitó. Es evidente de acuerdo con el contexto que el autor de la carta no está pensando en otra cosa que el lugar de privilegio de Jesús como el cumplimiento mesiánico, es importante la entronización de Cristo después de su resurrección, porque vino como un siervo y llegó a ser reconocido como Mesías.

El segundo texto para considerar está en el contexto del reinado de David y su deseo de edificar una casa para el Señor, se le señala que un descendiente de él será quien recibirá todo el honor. David ocupa un lugar importante en la genealogía humana de Cristo, no obstante, cada uno de los descendientes de David, como Salomón que construyó el templo y que precedieron a Jesús, son parte de dicha línea genealógica que conducía al que cumpliría la profecía como el Mesías.

 En realidad, más allá de la construcción del templo hay un mensaje mesiánico referido a Cristo como descendiente de David en su genealogía humana. “Yo le será a él Padre, y él me será a mi hijo” (2Sm 7:14). Los profetas anunciaron que este ‘hijo’ sería el Señor de Israel (Mi 5:2), que sería el Hijo dado, un príncipe de cuatro nombres; “admirable, consejero Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de Paz” (Is 9:6); Señor y Maestro de las naciones (Is 55:4); quien tendría todo el derecho (Ez 21:27).

El cumplimiento de esta profecía hecha a David es celebrado por boca de Zacarías, el padre de Juan el Bautista, “bendito el Señor Dios de Israel, que ha visitado y redimido a su pueblo” Lc 1:68). El Hijo, el cumplimiento de la profecía veterotestamentaria, tan anhelada, ve su cumplimiento en los días de Jesús y el Nuevo Testamento testifica de ello. Dios ha provisto la salvación por medio de “su Hijo, nuestro señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne” (Ro 1:3).

Entonces ante la pregunta si a algún ángel le ha declarado Hijo, la respuesta es a ninguno, porque sólo Jesús es su Hijo unigénito, por lo que es totalmente superior a cualquier ángel. Entonces por ello y al poner el énfasis en lo que hemos descrito se “dice: adórenle todos los ángeles de Dios” (v6), porque es digno de toda alabanza, por ser Dios, pero también, por ser declarado Hijo, triunfador y reconocido por toda criatura como el Señor.

Adoremos al Hijo

Al finalizar esta reflexión, solo nos queda recordar que nuestro Salvador ha sido declarado por Dios como el Hijo de Dios en poder cuando logró la victoria en su resurrección. Es por ello por lo que hoy nosotros, que somos menos que los ángeles podemos de manera sencilla acercarnos a Dios; por medio de quien ganó el derecho de establecer un puente propicio para que podamos buscar la salvación. Es sólo en Jesús que podemos tener esperanza y es sólo en Él que tenemos la oportunidad de una nueva vida. Entonces podemos ir con todo lo que somos, o sin nada y en adoración entregar nuestro corazón, para que así Él realice su obra de redención en cada uno de nosotros.

 

Pr. Aarón A. Menares Pavez ©
Doctor en Teología

 

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