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jueves, 30 de diciembre de 2021

 


Un sermón de hace muchos años para nosotros

Los libros de la Biblia pueden ser diferenciados por estilos literarios, por ejemplo, encontramos libros que son históricos, otros son poéticos, están los evangelios, están los apocalípticos y las cartas en el Nuevo Testamento. Entre las cartas encontramos algunas de ellas que son pastorales, las paulinas, que son la mayoría ya que Pablo es el autor más destacado en el Nuevo Testamento. También están las epístolas universales.  Entre estas cartas está la carta a los Hebreos, cuyo estilo literario tiene como característica de ser una homilía, es decir un sermón.  Dicho sermón habría sido escrito antes de la destrucción del tempo en el 70 dC, en un período de alta complejidad para la naciente iglesia cristiana en tierras palestinas.

Sobre la autoría, se ha discutido si es o no Pablo, sin embargo y de acuerdo a Scofield, la carta mantiene el estilo de Pablo, por lo que, y aunque no haya sido él su autor, la carta si se puede considerar como paulina.

La tesis de Pablo como autor es antigua, ya en el año 200 existe en el papiro P16 (Codes Chester Beatty) dicha aseveración, aunque ya antes de ello Orígenes daba por hecho la autoría del apóstol[1]. El tema de la autoría de Pablo o no de la carta a los Hebreos es una cuestión que no ha llegado a un acuerdo, aunque existe un relacionamiento en cuanto a la temática de la carta con la temática del apóstol como son: cristología, neumatología, la justificación por la fe, Israel, la despedida de la carta es muy similar al de las despedidas en las cartas de Pablo. Sin embargo, no aparece en ninguna parte el nombre del apóstol, el estilo idiomático y el buen uso de la lengua griega, más la elegancia del estilo, no corresponden a lo usual en las otras cartas con un lenguaje rudo que es propio de un hebreo que se expresa en griego.  Y la carta a los hebreos -escrita en griego-  mantiene una riqueza de estilo propia de un helenista.

Esta discusión en realidad no nos afecta, y tampoco afecta que el Espíritu Santo estuvo allí liderando la escritura del texto para traer a los cristianos del primer siglo y los cristianos de nuestros días un mensaje de esperanza y confianza en el sustituto Sumo Sacerdote que permanentemente intercede por todo aquel que lo busca de manera sincera.

Los destinatarios

La carta no señala una iglesia puntual a la que esté dirigida, y, como no tenemos dicho dato, podemos observar en la misma carta algunos detalles que nos pueden dar algunas luces sobre los destinatarios.

Una de las características más claras de la carta es el uso relacionado al sistema sacrificial levítico.  Se evidencia un conocimiento muy claro sobre el tabernáculo del desierto y cada uno de los símbolos, también es capaz de aplicar a Cristo cada uno de los símbolos que para el contexto judío o hebreo era más que familiar.  Por esta razón es que algunos piensan que podrían ser parte de este grupo aquellos sacerdotes que aceptaron a Jesús como el Mesías y se convirtieron al cristianismo, el registro bíblico lo describe así: ‘muchos sacerdotes obedecían a la fe” (Hechos 6:7).  Los destinatarios debían conocer muy bien el Antiguo Testamento y probablemente eran parte del gran grupo judeo-cristiano de la iglesia apostólica. No es un misterio que de los primeros seguidores de Jesús fueron judíos que lo aceptaron como el cumplimiento de las profecías mesiánicas.  El tema de los destinatarios puede quedar en las distintas hipótesis, sin embargo y como se evidencia en la carta, su mensaje fue recibido por una iglesia que necesitaba de la constante presencia de Jesús, de ser fortalecidos en tiempos de dificultad, de sombrías experiencias a causa de su fe.

Mensaje a los hebreos

Entre los mensajes que encontramos a la iglesia del primer siglo y que también podemos aplicar a nuestro tiempo podrían estar en tres líneas: 1) Palabra de exhortación, 2) Alentar a los creyentes y 3) Advertir sobre los peligros que pueden experimentar quienes participan de la iglesia.

La iglesia apostólica se caracterizó entre otras por su entrega y dedicación incondicional a Jesús. En esto debemos entender que el Espíritu Santo había hecho su obra y pasaron de ser creyentes en un sistema que anunciaba la redención en un Mesías que vendría, a creyentes redimidos y que aprendieron a caminar por la fe. Considerando que la mayoría de los hebreos conocía el ritual levítico, al conocer al Señor experimentaron su propia shekiná teniendo por la fe acceso directo a Dios por medio del Cordero real y ya no más del símbolo que requerían de manera permanente experimentar repetidas veces; porque ahora encontraron en Jesús al Cordero que quita el pecado del mundo y su propia reconciliación.

Haber aceptado a Jesús trajo consecuencias no gratas en los nuevos creyentes, la iglesia comenzaba a ser perseguida y con ello la vida de cada uno corría latente peligro. Nunca ha sido fácil que las libertades sean limitadas y menos a causa de lo que creemos o decidimos. La carta habla de “vituperios y tribulaciones” que incluyeron encarcelamiento y humillaciones (Hebreos 10:32-34).

Si pudiéramos aplicar esta experiencia a la nuestra, tal vez alguno diría que no padecemos lo mismo, sin embargo, es evidente que hay muchos que padecen persecución a causa de su fe.  Es verdad que en algunas regiones del mundo es muy difícil ser seguidor de Cristo, pero en aquellos lugares donde existe libertad de fe y creencia, también padecemos incómodos momentos a causa de nuestra fe.  Estoy pensando, por ejemplo, en un joven que testifica de su fe en un Señor que no puede demostrar de manera empírica y sólo por su testimonio. También en un jefe de hogar que debió renunciar a un buen trabajo porque no le permitían servir al Señor de manera concreta, por ejemplo, en su fidelidad en el día del Señor. Son tantas las experiencias que requieren del apoyo y amparo del mismo Señor que fortaleció la fe de los hebreos.  Hoy los ‘hebreos’ contemporáneos necesitamos ser fortalecidos, son tiempos difíciles, y estos aún han sido más difíciles en tiempos de pandemia.

Finalmente, el mensaje de advertencia también es claro, Israel fue castigado a causa de su incredulidad, cuando decidieron no tomar posesión de la tierra prometida. Fue en Cades, en la frontera de la promesa divina, que ellos decidieron desconfiar y cuyo resultado fue el juicio y la perdición para los que dudaron. Entonces el mensaje es de confiar y no dudar, porque sólo aquellos que creen y confían, les queda como promesa el reposo (4:11).

Aplicando a nuestros días, la invitación es a no desviar nuestras mentes del autor y consumador de la fe (12:2), porque no existe otro camino seguro en la vida cristiana. Los creyentes pueden avanzar por fe y caminar seguros porque Jesús les brinda su auxilio y cuidados. Es Él quien fortalece al que lo busca y le permite actuar.

Al igual que en los tiempos de la carta, algunos podrían abandonar y regresar al judaísmo, también hoy algunos podrían abandonar su fe, a causa de las dificultades que se encuentran en el camino. Los peligros se relacionan con el descuido de la comunión y la salvación (2:1-4), como hemos señalado antes, la incredulidad (3:7-4:13), el abandono de la fe (5:11-6:20)

Invitación

Es evidente que no es fácil en nuestro tiempo ‘progresista’, nuestras vidas pueden ser sometidas a distintos tipos de dificultades y pruebas a causa de la fe. Como en el tiempo de los destinatarios de la carta a los hebreos, no es fácil ser un seguidor de Jesús, la sociedad no facilita la vida de los creyentes. Muy por el contrario, avanza a paso agigantado a la independencia de todo lo sobrenatural y que tenga un mensaje autoritativo como es la Biblia para los cristianos.

Es en nuestro tiempo cuando podemos fortalecer la fe en medio de la dificultad y constatar al igual que la iglesia del primer siglo como el Señor atiende y se manifiesta de manera única y sobrenatural. Nuestra mirada al respecto debería ser de humildad a la influencia revitalizadora del Espíritu Santo para que cada día podamos experimentar la presencia de Cristo que fortalece una vida debilitada por una naturaleza frágil y nos hace observar por la fe las maravillas que tiene para sus hijos.

 

Pr. Aarón A. Menares Pavez  ©

Doctor en Teología


[1] Samuel Pérez Millos, Comentario exegético al texto griego del Nuevo testamento: Hebreos (Clíe, Barcelona, 2009), 18, 19

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