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viernes, 20 de diciembre de 2019

Principio N°7. “La evangelización escatológica es en base a una testificación que evidencia la vida de Cristo en el creyente”




Ya hemos visto anteriormente de manera simple el concepto de testigo en el Principio N°2.  Nos parece que las palabras de Cristo a los discípulos antes de ascender al cielo tienen trascendencia no solo para el inicio de la iglesia cristiana, sino que es relevante para toda su historia, y fundamentalmente, así como lo fue en los inicios, será en el fin de la historia; previo al cumplimiento de la promesa hecha por el Señor de regresar por segunda vez. 

Ante la pregunta sobre cuándo será el fin del mundo, el Señor les responde que no es cuestión de ellos saberlo, sino que esa atribución le compete sólo al Padre. En su respuesta Jesús traslada el énfasis a la misión y al cumplimiento de la señal sobre la predicación del evangelio a todo el mundo (Mt 24:14); el Señor continúa su respuesta y les complementa la estrategia ya antes registrada en Mateo 28: 19-20 y les anuncia una ayuda sobrenatural para cumplir la misión. Nunca estarían solos ya que Él les prometió que no los dejaría huérfanos en referencia a la promesa de un Consolador (Jn 14:17), entonces Jesús les dice “pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra” (Hch 1: 7, 8). 

Junto con ser una estrategia misional, Jesús señala dos cuestiones fundamentales, la primera es que la misión se cumplirá con la disposición de los discípulos, pero investidos de un poder sobrenatural, en segundo lugar, el Señor presenta la idea de ser testigos.  Los testigos como quienes experimentan en su vida la transformación de vida, y que están en condiciones de ir a compartir lo que Dios ya ha hecho en ellos.  De esta manera están listos para señalar al mundo que es verdad el evangelio, que la transformación es real, porque ellos ya han sido transformados en hijos de Dios.

Aunque hablamos de este tema en el proceso del discipulado, quisiéramos agregar dos conceptos que nos parecen necesarios destacar como referentes en la predicación en un contexto escatológico, como son la integridad y la credibilidad.

Nos parece necesario que el testigo sea coherente con lo que predica y enseña, es decir el testigo tiene en sus manos la posibilidad, no solo de enseñar por medio de la palabra de Dios, o la enseñanza, ya sea esta por medio de la exhortación en el contexto de la iglesia o como un maestro de Biblia personalizado, sea coherente con lo que predica y enseña.  Esta virtud, le dará al testigo la credibilidad necesaria para que quienes son sus seguidores, señalen que la vida de su maestro es parecida al objetivo que enseña. 

La historia de José es una verdadera escuela de integridad, porque, aunque su vida personal fue expuesta a distintas experiencias de tipo límite, él no testificó negativamente de su fe, y el rango de influencia de sus actos alcanzó positivamente tanto a los egipcios como a su familia a quien entró a Egipto. 

Revisemos un poco lo que fue la vida de José desde el comienzo de su desgracia.  Fue vendido como esclavo y dado por muerto por sus propios hermanos (Gn 37:20).  Esta acción tendría que haber abierto los ojos de cualquier persona, ya que José estaba viviendo una injusticia total sobre él.  Sin contar la traición de sus propios hermanos.  Cualquier acción que José hubiera tomado, posiblemente la habríamos entendido al tenor de lo que estaba viviendo.  No tenemos un relato en la Biblia que describa la pena, la rabia y la frustración que debe haber provocado la acción por parte de sus hermanos en el corazón de José.  Sentirse traicionado es una experiencia límite, sobre todo cuando son personas muy cercanas, como deberían haber sido sus hermanos. Sin embargo, y también a la distancia observamos en la disfuncionalidad del hogar donde vivía José, de la irresponsabilidad de un padre en hacer una diferencia con él por sobre sus hermanos con una túnica que lo posicionaba por encima de ellos; la acción de sus hermanos se podría igualar a acciones que hoy son cuestiones de violencia intrafamiliar. 

El asunto es que José en medio de toda esta traición, no defraudó a su Dios, bajó su cabeza de manera sumisa y posiblemente aplicó alguna enseñanza entregada por su padre de confiar en el Señor en medio de un caudal de situaciones que no estaban en su mano calmar.  Esta confianza plena en Dios lo hizo avanzar, la Biblia señala que todo lo que José hacía era prosperado, porque el Señor estaba con él (Gn 39:2). 

También José experimentó además de la traición, la difamación por parte de la mujer de Potifar, esta mujer que lo seducía permanentemente, y que José rechazó, lo acusó de haber abusado de ella (Gn 39:17, 18).  En este aspecto la integridad del joven fue reforzada en una cuestión que por la etapa juvenil podemos señalar que su fortaleza al decir que no, lo destaca como íntegro.  José posteriormente y luego de pasar otros momentos de incertidumbre, llega a ser el segundo luego de Faraón.  Pero que podemos decir finalmente sobre la integridad y credibilidad de José, ¿qué fue lo trascendental en la historia de este joven ejemplar?  Lo trascendente en la historia de José, no fue su ‘túnica’, no fue la ‘traición’, no fue la ‘difamación’ y tampoco su ‘posición’ como segundo después de Faraón; lo trascendental fue que Dios estaba con él y que todo lo que José hacía era bendecido y conducido por el Señor. 

Esta integridad en José hizo que todo lo que él se proponía contaba con credibilidad y la presencia divina permitía que sus propuestas y objetivos alcanzaran el éxito. 

Cuando Jesús dice que los misioneros del fin del tiempo que son sus testigos, también está señalando que esos testigos, son íntegros y creíbles, en su vida no existe un doble ánimo o doble estándar. Su vida es coherente tanto en lo privado como en lo público, en casa se lo reconoce como un testigo íntegro al igual que en la iglesia y en su trabajo.  Se lo reconoce en todas partes como un testigo de Jesús.

¿Por qué razón, entonces es importante que en un contexto escatológico los testigos de Cristo sean íntegros?  Porque de acuerdo con lo que la Biblia nos señala, dicho tiempo augura mucha angustia, desesperanza y una búsqueda de respuesta y de paz.  Entonces los testigos podrán compartir que es lo que les permite vivir en armonía y paz, aún y a pesar de lo que suceda en el mundo.

El tiempo del fin según la Biblia
De acuerdo con la Palabra de Dios, el tiempo del fin, o el tiempo previo a la segunda venida de Cristo, cumple con algunas características que hemos visto en tiempos pasados, por ejemplo, en el tiempo previo al diluvio, que fue un acontecimiento de juicio por parte de Dios con el fin de dar una nueva oportunidad de la raza humana.  Pero si tuviéramos que sistematizar algunas características, señalaríamos, por ejemplo, en algunos ámbitos como moral, ético, violencia y grandes catástrofes naturales.  Sobre las grandes catástrofes no nos referiremos, pero sobre el quiebre social nos parece interesante la manera como la Biblia lo describe.

Pablo en su carta a Timoteo le advierte sobre el tipo de personas y condición social que imperaría en momentos cruciales de la historia, posiblemente algunos de ellos los vivieron en cierta medida en la iglesia apostólica, pero, el énfasis está en el tiempo del fin. Es valeroso a nuestro juicio comprender como el apóstol describe esta condición ética, social y moral, la que además de una u otra manera impacta y permea también a la iglesia, esto porque quienes somos la iglesia no estamos ajenos a dicha influencia, por lo que tendríamos que poner mucho cuidado de no ser influenciados y distanciarnos de lo que Dios espera para nosotros como sus hijos.

El apóstol señala que en aquellos tiempos los hombres serán “egoístas, egocéntricos, avaros vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad” (2Ti 3:1-5).  La descripción es de una sociedad individualista y con poco sentido de comunidad. Una sociedad donde la competencia no es por avanzar y entregar el mejor trabajo, sino que una competencia desleal y que fomenta la traición, el odio, la desunión y el quiebre de las relaciones entre las personas.

Es en este contexto, donde los testigos de Cristo tienen la responsabilidad de testificar y de contarle al mundo del amor de Dios y de sus planes para la restauración de esta humanidad perdida.  Es en este ambiente enralecido cuando la evangelización adquiere un elemento único, porque las personas, aunque están envueltas en sus propias realidades y experiencias, son sensibles al dolor y la desesperanza. Este tiempo también es de mucha aflicción y de angustia, tal como la Palabra de Dios lo ha señalado (Jr 30:7), siendo la aflicción y la angustia una oportunidad para presentar a quien puede brindar esperanza en medio de la confusión.

Jesús habló sobre el futuro, hablo sobre su segunda venida, habló sobre las señales que antecederían su regreso, sin embargo, una de sus declaraciones nos hace revisar otro tiempo, cuando el mundo conocido terminó, como fueron los días de Noé.

El Señor pone este énfasis descriptivo de una sociedad que se quebró a partir de la institución de la familia, “porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, y casándose y dando en casamiento” (Mt 24:38). 

El debilitamiento de la institución de la familia trajo consecuencias éticas, morales y sociales en los días previos al diluvio.  Elena White, hace un comentario sobre ese tiempo.  Ella describe que la sociedad se corrompió y se introdujeron prácticas paganas inspiradas y motivadas por dioses “que se representaban como impuros, y sus adoradores daban rienda suelta a las pasiones bajas. Prevalecían vicios contra la naturaleza, y las fiestas religiosas se caracterizaban por una impureza general y pública”[1], siendo una de las prácticas más comunes la poligamia.  White, continúa señalando la estrategia diabólica para la destrucción de esa sociedad y que tendría, según Jesús un símil en el tiempo del fin.  Ella dice que Satanás hizo “un premeditado esfuerzo para corromper la institución del matrimonio, debilitar sus obligaciones, y disminuir su santidad; pues no hay forma más segura de borrar la imagen de Dios en el hombre, y abrir la puerta a la desgracia y al vicio”.[2] 

Notemos que la estrategia diabólica está bien planeada y que también la encontramos en nuestros días, cuando la sociedad si es que ya no está quebrada, avanza de manera rápida hacia allá.  Corromper el matrimonio, debilitar sus obligaciones y disminuir su santidad, parece un camino inteligente para disolver el matrimonio, que es la base bíblica de la sociedad. 

Hendriksen señala que la generación prediluviana se negó a recibir la amonestación, y determinaron vivir como siempre, sin importares nada la invitación que Noé hacía de parte de Dios, ellos continuaron su vida como siempre, en medio de una sociedad que puso al placer y la sensualidad en primer lugar[3], a esto podemos adicionar un elemento de soberbia e individualismo, ante la nula reacción a la invitación divina.

Cuando el Señor describe el tiempo del fin, señala que la sociedad estará quebrada moralmente, así como se quebró la sociedad prediluviana.  Es en este contexto cuando los testigos deben compartir de un Dios soberano, que busca la restauración y salvación de las personas.  El amor de Cristo es capaz de transformar la vida de todo creyente, de reformar cualquier conducta que interrumpa que la presencia divina se manifieste en las personas. 

Al observar la recomendación de Cristo, debemos también mirar el registro del Génesis sobre esa generación, allí se describen las negativas características que imperaban como razones por las que el diluvio vino.  El texto dice que Jehová vio “que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente al mal” (Gn 6:5), los pecados de los habitantes de la tierra eran la corrupción delante de Jehová y violencia, que por lo que se puede entender era una característica generalizada (v. 11, 12).

La corrupción descrita aquí se relaciona con el intento de la humanidad de enfrentar y desafiar a Dios, de enfrentar y desafiar su autoridad y de buscar igualarse frente al Creador, al igual como los ángeles que se rebelaron en el cielo (2Pe 2:4; Jd 6)[4].  El desconocimiento de Dios como el Señor, los condujo a la anarquía, porque ellos hacían lo que bien les parecía, esta corrupción los llevo de la mano a la violencia generalizada.

Matthew Henry hablando sobre la violencia entre los hombres, describe al nivel que llega la humanidad cuando abandona y se enajena de su Creador. “Si se quitan la conciencia y el temor de Dios, los hombres se convierten en fieras y en demonios los unos contra los otros”[5].  La violencia aquí no solo representa un acto violento simple, sino que actos de violencia extrema, en hebreo tiene entre otras connotaciones, la extorción, la opresión, en griego, la palabra se relaciona con romper, ejercer fuerza, sacudir, obligar.  Podemos observar que esta descripción de violencia nos es muy común y lo podemos ver incluso en los actos de terrorismo en nuestro mundo contemporáneo.

Los testigos de Cristo que viven previo a la segunda venida deben considerar que su mensaje se entrega en estos contextos, no podemos ser ciegos y reconocer que los días que hoy vivimos son muy parecidos a lo que la Biblia señala como fueron los días de Noé.  Es este tiempo presente cuando se requiere de evangelizadores que sean testigos de un Dios que cada vez es menos requerido, un Dios que cada vez es menos considerado en la vida de las personas.  Nuestra actual sociedad se caracteriza por la corrupción en todos los sentidos, una corrupción por parte de muchos liderazgos y por una corrupción que está conduciendo a la sociedad a la anarquía, una sociedad que ya no reconoce a Dios como el dueño del planeta y de la vida misma.

Otro elemento del tiempo previo a la segunda venida de Cristo es lo que llamo el Síndrome laodicense, este síndrome se caracteriza por la sistematización valórica, el sincretismo religioso y la acomodación a la cultura pasando a llevar las indicaciones divinas.  Es posible que tenga su símil con la corrupción descrita en los días previos al diluvio.  La tibieza de Laodicea (Ap 3:16) representa la indiferencia y la soberbia, porque cree ser rica y cree no necesitar nada (v,17) por ello es que se le recomienda hacer reformas y una búsqueda de ayuda que solo puede venir de parte de Dios; la recomendación es de adquirir oro refinado en fuego, vestiduras blancas y colirio para poder ver (v.18), todo esto como un símbolo de las necesidades espirituales en el tiempo previo a la venida de Jesús. 

Las personas necesitan ser refinadas por Dios, necesitan de su justicia para no vivir con la justicia pecaminosa de los hombres y finalmente necesitan que sus ojos puedan ver con responsabilidad los tiempos en que se vive. Es el tiempo en que tal como advirtió el profeta Isaías, a lo bueno llaman malo y a lo malo llaman bueno (Is 5:20), esta es una clara advertencia sobre el cambio valórico y una nueva visión de la vida, a partir de la experiencia humana, distanciándose de lo que Dios ha señalado para los hombres.

Siendo esta una sencilla observación sobre lo que la Biblia señala o describe el tiempo del fin, el tipo de humanidad, nos parece importante considerarlo cuando esperamos ser verdaderos testigos de Cristo, predicar y evangelizar a las personas para que sean salvos. 

Nos hacemos la siguiente pregunta, ¿de qué manera la evangelización de tipo testimonial será clave en el tiempo del fin?  Creemos que la predicación de tipo testimonial debe considerar estas realidades, aprender a comprender el tipo de sociedad en la que se vive para así proponer el tipo de evangelización a realizar.

Aunque el tipo de vida que existe en el tiempo del fin no concuerda con los postulados y principios bíblicos, el testigo no está ni para criminalizar, ni para criticar y menos para obligar a las personas.  La predicación de tipo guerrilla, que está llena de críticas no es la estrategia que podemos visualizar en las palabras de Cristo, porque Él jamás estableció parámetros en la evangelización que no consideren el respeto a las personas. Por ejemplo, no sería una buena práctica quemar algún tipo de símbolo de alguna denominación, para ‘enseñar’ que dicho símbolo no concuerda con la Biblia.   Al testigo le toca conducir a otros a Cristo, de esta manera la vida de estos nuevos creyentes será transformada a la de un verdadero discípulo. 

Todas las estrategias son buenas, aunque nos parece necesario el contextualizarlas a las distintas realidades sociales y culturales.  Es decir, no necesariamente una campaña evangelística como se hacía hace 30 años de 90 días será necesaria hoy; la campaña como estrategia es buena, sin embargo, habrá que encontrar una manera que sea efectiva en el presente.  En este mismo sentido el uso de la tecnología puede ser un gran aliado, siempre y cuando la vida virtual del discípulo tenga coherencia con la vida real como seguidor de Cristo.

Las estrategias no serán lo suficientemente efectivas, si los canales de evangelización no son coherentes con el mensaje. Tomando la expresión del apóstol Pablo dicho mensaje será como un feo golpe de metal, cuyo sonido es desagradable e insoportable (1Co 13:1).  En este sentido, el testigo del tiempo del fin, al igual que Noé que fue hallado fiel (Gn 6:8), debe ser íntegro, sin doble ánimo (Stgo 1:8), una persona confiable y que represente a quien dice seguir.  Esta cuestión es la más difícil en el contexto de la evangelización, y puede transformar el trabajo misionero en algo egoísta y superficial, donde la salvación de las personas puede pasar a segundo lugar, destacando por sobre ello los éxitos de la evangelización.  Los éxitos de la evangelización tienen que ver con la salvación, renovación y la nueva vida de los que aceptan a Jesús como su Señor y Salvador, y no de la fama y prestigio del testigo.

El discípulo, el testigo que predica en el tiempo del fin entonces debe considerar una involución en la sociedad, un cambio valórico, donde hay mucha violencia, donde existen conflictos familiares, donde no existe el compromiso, donde hay mucha violencia, donde hay una marcada corrupción en todo ámbito, partiendo por el deseo humano de posicionarse de manera osada frente a Dios para confrontarlo con soberbia y así determinar según su propia opinión que es bueno y que es malo.

En dicho contexto las palabras de Cristo, de ser testigos cobran gran relevancia, Jesús estableció que los discípulos del tiempo del fin, como en toda época sean sus fieles representantes; que en su vida, estilo de vida y en todo ámbito de acción, sean sus representantes.  De esta manera con el poder del Espíritu Santo el mundo será iluminado con el mensaje de salvación y muchos serán alcanzados; entonces el anuncio de Jesús se habrá cumplido porque el evangelio será anunciado a todo el mundo y él regresará por sus fieles testigos.


Pr. Aarón A. Menares Pavez©
Doctor en Teología





[1] Elena White, Patriarcas y profetas (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1971), 350
[2] Ibid.
[3] Guillermo Hendriksen, El evangelio según San Mateo (Grand Rapids: Desafío, 1986), 912.
[4] Danie Carro, Comentario bíblico mundo hispano Genesis (El Paso, Tex: Mundo Hispano, 1993), 69.
[5] Matthew  Henry Comentario Biblico de Matthew Henry (Terrassa: Clie, 1999), 28.

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