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domingo, 1 de diciembre de 2019


La Biblia y el cambio climático

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Hace ya varios años somos testigos de noticias e informaciones sobre los efectos del cambio climático, cuestiones ambientales son de preocupación mundial por el efecto que hoy vemos ya una realidad.

En el año 1992 se llevó a cabo en Rio de Janeiro la Cumbre de la tierra con el fin de establecer parámetros a seguir para la protección del medio ambiente y de especies que ya se veían amenazadas, siendo la principal, la humana. Las reuniones han avanzado, hasta llegar al pacto de Paris en 2015, con el compromiso que la temperatura en el planeta no continúe aumentando.  Una nueva reunión liderada por las Naciones Unidas se llevará a cabo en Madrid el año 2019 (la COP25 originalmente se llevaría a cabo en Chile, pero, a causa del estallido social, el presidente de España ofreció al presidente de Chile realizar el evento, con el liderazgo de Chile en Madrid) con el fin de fortalecer las políticas de las naciones para evitar el aumento de la temperatura y otras cuestiones de tipo ambientales.

Con el inicio de la industrialización y el ‘desarrollo’ humano, se intensificó el Co2 de manera notoria y con ello el aumento de la temperatura del planeta desde un 0,5 a 1,5 en nuestros días y amenaza llegar a 2 grados en los próximos años, cuestión que los gobiernos esperan evitar con políticas medioambientales. 

El exvicepresidente norteamericano Al Gore, sorprendió el año 2006 con un documental denominado “Una verdad incómoda”, con el fin de despertar conciencia sobre el cambio climático.   De acuerdo con el documental, el aumento de la temperatura en la tierra traería consecuencias en el clima de todo el mundo, como podemos observar en el presente. Ya el año 2004, la película “El día después de mañana”, trató la hipótesis en ficción sobre los efectos del cambio climático, mostrando una catastrófica visión al respecto.

Por otro lado, están en menor grado eso sí, quienes postulan que un cambio climático en la tierra es parte de su ciclo de vida, ya que durante millones de años la tierra ha pasado por distintas fases climáticas, desde la Pangea, hasta lo que son hoy los continentes y sus distintos y diversos climas.  Sin embargo, ambas teorías coinciden que la mayor emisión de gases ha provocado el aumento en la temperatura y por ende es una condicionante a los efectos que hoy podemos ver en el mundo entero.
No es sorpresa que esta es hoy una realidad, ya que somos testigos de sequías en lugares donde había gran fortaleza vegetal y por otro lado lluvias y tormentas donde antes no existían.  Junto con ello podemos observar un aumento en el nivel del mar, y las grandes marejadas que han hecho replantear la edificación en la costa de muchas ciudades en distintos países.  Además del aterrador desprendimiento de hielos milenarios en la Antártica.

No cabe duda de que vivimos como planeta una emergencia ambiental de proporciones.  Pero ¿qué dice la Biblia sobre el cambio climático? ¿Qué dice la Biblia sobre las condiciones climáticas?

Podemos ver la interacción divina en varias ocasiones y que se relacionan con el clima.  Ante esto debemos asumir que el clima que hoy tenemos no es el clima del planeta una vez creado por Dios.  El relato de la creación nos entrega dos elementos importantes al respecto. Primero dice que los astros como el sol y la luna señalarían los cambios en las estaciones del año (Gn 1:14), dando a entender un clima para cada estación. También el relato del Génesis entrega información sobre cómo las plantas y la vegetación recibirían agua, un rocío que subía de la tierra las regaba, porque no llovía (Gn 2:5,6), es decir, el agua fluía desde la tierra.

Sin embargo, el mayor dato de un cambio climático aconteció con el diluvio. El diluvio para los creacionistas es importante, ya que no creemos en una datación de millones de años como aquellos que postulan que el cambio climático es parte de una de las fases del planeta.

Dios habló a Noé para que construyera un gran barco, con el fin de dar refugio y salvación a la humanidad y preservar a los animales.  Desde que Dios le habló a Noé y el inicio del diluvio pasaron 120 años, donde el clima, se mantuvo tal cual como Dios lo había creado, ya que no se registra en la Biblia algún cambio de tipo climático hasta el diluvio. 

Lo que sucedió en con diluvio ha sido motivo de estudios, ya que la catástrofe no solo trajo agua desde el cielo, que de acuerdo con el relato bíblico las fuentes de los cielos fueron abiertas, pero también se rompieron las fuentes subterráneas de agua, el relato señala de la siguiente manera, “se reventaron las fuentes del mar profundo y se abrieron las compuertas del cielo” (Gn 7:11 NVI). La descripción es elocuente, la catástrofe incluyó lluvia, terremoto, tsunami, cataclismo total en el planeta.  Sabemos que la lluvia intensa fue durante 40 días, sin embargo, no nos dice, cuanto tiempo tardó el agua en cubrir las zonas habitadas, no obstante, podemos intuir que el agua cubrió las zonas habitadas en menos tiempo.

Este relato que para los creacionistas es un hecho, aparece como el cambio climático y geográfico de mayor trascendencia, ya que de acuerdo con el registro fósil podemos observar que las capas terrestres en distintos lugares dan cuenta de una catástrofe como la descrita en el Génesis. 

A partir de este relato, la Biblia describe sequías y lluvias sorprendentes. Por ejemplo José es portavoz de un mensaje a Faraón sobre siete años de abundancia y siete años de hambruna; durante los primeros siete años, la tierra sería fértil, por lo que las condiciones climáticas serían las apropiadas para el grano y de acuerdo al sueño interpretado por José, sería de tal magnitud, que podrían cubrir los siguientes siete años de hambre, ya que la tierra no estaría en condiciones de producir alimento (Gn 41: 26, 27, 47-49, 53, 43).

En los tiempos de Elías, se describe una sequía que dejó varios muertos, Israel no pasaba por buenos tiempos en cuanto a su relación con Dios, la mala decisión de Acab en unirse con Jesabel, lo había transformado en un rey que no conducía al pueblo en el camino correcto. Entonces el profeta anuncia una sequía que duraría tres años, “vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra (1Re 17:1). La historia cuenta de sorprendentes maneras en que Dios sostuvo al profeta y a los fieles que se mantuvieron lejos de la influencia negativa del rey.  El relato nos dice que la lluvia vino por mandato de Dios y por aviso del profeta (1Re 18:1), luego de un enfrentamiento entre los adoradores de Baal y de Jehová. La lluvia vino de manera sorpresiva, pero no para el profeta, ya que Dios había señalado que llovería, pero el relato bíblico da cuenta que la lluvia fue generosa, y que “los cielos se oscurecieron con nubes y viento, y hubo una gran lluvia” (v.45).

El clima ya sea manifestado en lluvia, tormenta o granizo, también se asocia a juicios divinos. Por ejemplo, una de las plagas en Egipto fueron granizos combinados con fuego “muy pesados, cual nunca hubo en Egipto” (Ex 9:18). La descripción es elocuente, “y Moisés extendió su vara hacia el cielo, y Jehová hizo tronar y granizar, y el fuego se descargó sobre la tierra, y Jehová hizo llover granizo sobre la tierra de Egipto” (v. 22,23). En el mismo contexto de las plagas a Egipto hubo una que convirtió las aguas de los ríos en sangre (Ex 7: 17,18), afectando directamente a una fuente natural para a vida como es el agua de los ríos, por ejemplo. 

Algo parecido podemos ver en la descripción de las últimas plagas, que afectarán a las aguas del mar y los ríos convirtiéndolas en sangre (Ap 16:3,4), la cuarta plaga es sobre el sol, quien recibió la fuerza para quemar a los hombres (v. 8), una característica también del cambio climático y el aumento de la temperatura a nivel global, pero también a nivel local en algunas latitudes del planeta.

Al iniciar la séptima trompeta, que desde nuestra interpretación se inició el año 1844, el texto describe sucesos importantes sobre la reacción de las personas en un contexto del fin del mundo y el pronto regreso de Jesús.  El tiempo ha llegado, el tiempo “de destruir a los que destruyen la tierra” (Ap 11:18). A Simple vista podemos observar que el requerimiento divino es muy acertado en el contexto de lo que hoy vivimos, ya que el hombre literalmente está destruyendo la tierra, y se acerca el gran día de restauración que Él brindará a sus hijos con su segunda venida.

Como podemos ver la Biblia habla sobre el clima y el cambio climático.   El mayor cambio climático aconteció con el diluvio, no solo fue en cuanto al clima, sino también a la tierra en su totalidad.  Hoy no podemos negar que estamos viviendo un cambio climático, la ciencia así lo ratifica, avanzamos vertiginosamente a nuestra autodestrucción. Como cristianos somos responsables del cuidado del medio ambiente, es un deber que nos entregó Dios, por lo que debemos hacer lo necesario para aportar al cuidado de nuestro hogar. Sin embargo, no podemos negar que nuestra mayor esperanza está relacionada con el fin del planeta.  Nos preparamos para el mayor de todos los cambios climáticos, porque esperamos un nuevo cielo y una nueva tierra, “porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más” (Ap 21:1). 

Nuestra esperanza radica, más allá de lo que el hombre, la ciencia y la política puedan ofrecer, nuestra esperanza de un mejor mundo está en Cristo, esperamos su venida y con ello la restauración no solo del planeta, sino de nuestras vidas.

Pr. Aarón A. Menares Pavez
Doctor en Teología


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