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martes, 12 de noviembre de 2019


Principio N°6. “La movilización para la evangelización se inicia a partir de la iglesia local”


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Hasta aquí todo lo que hemos señalado está centrado en la iglesia local y de manera especial en los principios 4 y 5, al hablar de Hechos 2: 42-47; porque es en la iglesia local donde la misión es generada.  La misión, aunque tiene una connotación mundial, no se centra en lo global, sino que, en lo particular; porque es allí donde los creyentes tienen la posibilidad de testificar de su fe. Lo global tiene trascendencia en las palabras de Cristo, cuando señaló que el evangelio debe llegar hasta lo último de la tierra (Hch 1:8), o el cumplimiento misional del anuncio del evangelio del reino a todo el mundo antes del fin (Mt 24:14).

En iglesias como la adventista, el liderazgo hacia la misión mantiene pautas que se esperan sean orientadoras para avanzar de manera armoniosa en cuanto a su cosmovisión que mantiene la unidad e identidad de la iglesia en general.  Las pautas bien pueden ser parámetros en lo macro que a su vez se transforman en fundaciones que entregan solidez estructural para la construcción de la iglesia y la misión.

En este mismo sentido la iglesia apostólica también tiene una estructura general que entrega directrices con el fin que la iglesia local sea capaz de cumplir con la misión establecida por Cristo de anunciar la salvación a los pecadores.

La misma comisión evangélica es una directriz para seguir, porque al ir y enseñar, bautizar y discipular como un mandato a la iglesia en general es un mandato para seguir por cada creyente. Por ello la iglesia local debe establecer estrategias necesarias para así poder cumplir con el objetivo de la iglesia en general.

El objetivo que le fue entregado a la iglesia era llegar con el evangelio hasta lo último de la tierra, sin embargo, como podemos observar en las cartas neotestamentarias, sean estas dirigidas a personas o iglesias o las así llamadas universales, centraban el foco misionero o congregacional en la iglesia local.

El concepto de iglesia local aparece en contraparte al de iglesia global o universal.  Cuando se habla se una iglesia universal se está hablando de todos los cristianos. En el caso de la iglesia apostólica se puede visualizar y diferenciar la idea de la iglesia como macro y la iglesia como local. 

Pablo usa la palabra ekklesía para describir a la totalidad del pueblo de Dios independiente de su disgregación en distintos lugares como lo son las iglesias locales que se reunían en las casas (Ef 1:22; 3:10, 21; 5:23-32; Col 4:15; Flm 2). En las otras epístolas del apóstol ekklesía es usada frecuentemente como iglesia local; “como regla general significa simplemente ‘la iglesia’, aunque algunas veces también ‘la iglesia de Dios’ (1Co 10:32; 11:22; 15:9; Ga 1:13; 1Ti 3:15) o simplemente como ‘la iglesia’”[1].

Una buena ilustración de esta distinción entre ambas iglesias como local y universal, pero que no con ello eran entidades contrarias la una de la otra, sino que se complementaban en el cumplimiento de la misión. En el relato que Pablo hace sobre su conversión queda de manifiesto esta singularidad, “y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco” (Hch 9:2), lo mismo se refiere en el capítulo 22: 5 y 26:11.  En Damasco ya existía una iglesia local, al igual que en Jerusalén, cada una con su distinción y características particulares que posiblemente la distinguían la una de la otra, pero que en su fin compartían la enseñanza y misión. 

En el aspecto pastoral y epistolar del apóstol, podemos identificar un mensaje exclusivo para la iglesia local, así se puede desprender, por ejemplo, con los saludos a la iglesia de Corinto, “a la iglesia de Dios que está en Corinto” (1Co 1:2; 2Co 1:1) dice el apóstol.

Para Pablo, tanto la iglesia en general como la iglesia local no son separadas. El apóstol pone el acento en las relaciones de la iglesia local; destacando que su localía es una representación del pueblo de Dios en general[2].

En lo referente al cumplimiento de la misión de la iglesia, la iglesia local aparece como clave para la evangelización. Michael Green señala que “la iglesia, la congregación local es la matriz que da a luz una evangelización saludable”[3], porque es a partir de allí donde los creyentes tienen la posibilidad de compartir su fe; es en medio de su entorno donde es posible la testificación de un Salvador que murió en lugar nuestro, que resucitó, que ascendió al cielo y que regresará, según el mismo lo prometió (Jn 14:6).

En su carta a los Tesalonicenses Pablo destaca este hecho sobre la evangelización, que inicia en la iglesia local, “porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor” (1 Tes 1:8), aún más el texto describe que a partir de dicho trabajo evangelístico, la salvación pudo llegar a Macedonia y Acaya.  Jhon Stott señala que de esta manera la iglesia local se convierte en una caja de resonancia que amplifica el mensaje, una especie de satélite de comunicación que recibe y retransmite un mensaje.  Es necesario que toda la iglesia que ha oído el evangelio, debe transmitirlo y concluye que, si esto hubiera sido practicado, el mundo habría sido evangelizado hace tiempo[4].

Este aspecto es lo más trascendente sobre la iglesia local.  La iglesia local mantiene una identidad y distinción y así es capaz de cumplir el mandato misionero, tal cual como lo señaló el Señor, primero en Jerusalén, luego en Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra (Hch 1:8). 

Este argumento es trascendental cuando planificamos las acciones misioneras.  Sin embargo, existe un importante aspecto a incluir en dicha planificación; se hace necesario considerar a la iglesia local, a la hora de planificar y elaborar planes de evangelización.  No es posible planear, sin tener a la iglesia local en esta discusión, aunque esta sea una práctica más que habitual, no solo en lo referente a las iglesias, sino que en todo ámbito social en el que se lidere a grupos de personas.

Para Stott, “la evangelización por parte de la iglesia local es el método más normal, natural y productivo de extender el evangelio en nuestros días”[5]. La iglesia como tal, sea local o global, tiene una doble identidad, es decir la iglesia ha sido llamada a salir del mundo a fin de adorar a Dios y enviada al mundo para dar testimonio y servir[6], y esta doble identidad se desarrolla a partir de la iglesia local, para fortalecer la iglesia global y de esta manera cumplir con la misión evangélica.

Se debe ser muy cuidadoso al planificar sin considerar ya sea la identidad y desafíos locales.  Esto, por ejemplo, puede variar según la cultura en alguna región del mundo o incluso en un mismo país; ya que es posible que converjan distintas culturas y subculturas.  Por ello no es lo mismo presentar el evangelio a una sociedad con altos índices de secularismo, a otra donde los habitantes son renuentes a lo espiritual y religioso.

Las diferencias pueden incluso observarse en ciudades, ya que, en las grandes poblaciones urbanas, coexisten distintas culturas y clases sociales, y si aún más consideramos el fenómeno de la migración, en las ciudades que son cosmopolitas conviven distintas culturas representativas de otras naciones diferentes a la nativa.

Estas y otras características nos obliga a mirar a la iglesia local como la gran gestora de la evangelización, por ello se hace necesario empoderarla invirtiendo tiempo y recursos en la preparación, fortalecimiento, equipamiento y capacitación del liderazgo local, así como una adecuada, contextualizada y acertada planificación que considere las distinciones y características singulares de cada lugar; esto es hacer misión.

Equipando a la iglesia local para la evangelización
El apóstol Pablo entiende que la iglesia debe movilizarse a partir de la célula más pequeña, y que es necesario que sus miembros al asumir su compromiso misional reciban el adecuado equipamiento, y que dicho trabajo sea relacionado con los dones espirituales.  En relación con los dones espirituales abarcaremos en un capítulo futuro, sin embargo, es necesario mencionarlo ahora, porque es indispensable para la evangelización que los miembros de la iglesia local cumplan su ministerio en armonía con su vocación, dones y talentos que le han sido regalados para ser una bendición a la iglesia local y mundial.

Efesios 4, nos entrega una clave al respecto. El apóstol señala que en la iglesia han sido constituidas distintas funciones a partir de los dones espirituales.  Apóstoles, profetas, evangelistas, pastores, maestros, con la finalidad de “perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Ef 4:11, 12).  El énfasis está muy claro, ya que la obra del ministerio que es la evangelización se realiza por supuesto con la ayuda y liderazgo sobrenatural del Espíritu Santo, pero es a partir de un liderazgo en la iglesia local.

Por ello se hace deber planificar, capacitar y direccionar el accionar en la iglesia local, para el cumplimiento de la misión. 

Elena White, al hablar sobre el establecimiento de la obra en nuevos lugares describe el trabajo que la iglesia local debe realizar junto al pastor.  Ella habla de capacitación, organización y un desafío de avanzada misionera.  Entre las instrucciones podemos sistematizar de la siguiente manera: 1) Instrucción adecuada en relación a métodos adecuados, 2) cada miembro cumpliendo su obra como parte del cuerpo de Cristo, 3) cumplir obra misionera, 4) Asumir la responsabilidad personal en cuando a la fidelidad de diezmos, fidelidad a Dios, 5) Alcanzar armonía entre los hermanos, 6) Los miembros deben ser capacitados para liderar la iglesia local de manera autónoma pero armónica con el liderazgo superior, 7) Un liderazgo capaz de asegurar que la iglesia local se mantenga con asistencia y con identidad en Jesús y la doctrina característica de la iglesia.  Ella dice que una vez que la iglesia local sea capaz de cumplir todo esto, entonces los pastores podrán ir a otros lugares para abrir nueva obra[7].

Durante algunos años tuve a cargo en la Facultad de Teología de la Universidad Adventista de Chile, la campaña evangelística que se cumple en el tercer año.  Observando las estrategias que se habían realizado, decidimos proponer una que se relacionara directamente con la iglesia local.  Cuando era alumno y realicé la campaña mientras estaba en el pregrado, lo único que hicimos fue dar estudios bíblicos, además de poner las películas, ser maestros de ceremonia, recibir y despedir a las personas que asistían al centro de predicación. 

En nuestra propuesta que realizamos junto al Decano a las instancias superiores de la iglesia, se incluía una cohesión con la iglesia local.  Un alumno era asignado a una iglesia y se lo empoderaba a partir del departamento misionero; los otros estratos administrativos de la iglesia no eran considerados, ya que dicha labor le correspondía a la junta y al pastor.  El hecho de trabajar en una iglesia, con todo el equipo misionero, permitió cumplir algunos objetivos formativos de los futuros pastores y además la iglesia local se vio beneficiada de manera notoria.

Los objetivos de aprendizaje para el alumno estaban centrados en tres ejes, el primero como instructor bíblico, el segundo como movilizador y capacitador de iglesia y el tercero realizar evangelismo y participar de un evento evangelístico macro. 

Los tres ejes estaban fundados en el contexto de la iglesia local, porque los estudios bíblicos que el alumno tendrá están cercanos a la iglesia local, estos alumnos serían a partir de su propio trabajo, pero también en conjunto con los instructores bíblicos de la iglesia local.  El objetivo de movilizador y capacitador se cumplía con capacitaciones que el alumno realizaría a instructores y nuevos instructores bíblicos en la iglesia local, así también con los grupos pequeños.  Esto cumple también con un objetivo de discipulado, ya que en la interacción de los alumnos con los hermanos de la iglesia local van a enseñar y ser enseñados en la misión; como ya hemos señalado que el discipulado en la iglesia local también es mutuo.

El alumno junto a la iglesia preparaba una campaña que lideraría él, pero que no sería solo un resultado de su trabajo, sino que en conjunto con la iglesia local.  Esta acción se diferenciaba con la participación de un evento metropolitano, donde junto a la iglesia asignada, participarían también de manera armoniosa de una campaña con un evangelista invitado.

Como resultado de este trabajo integral entre los alumnos de la Facultad y la iglesia local, no solo disfrutamos de bautismos, también la iglesia local, al ser involucrada en la evangelización fue fortalecida en sus bases.  Los nuevos creyentes no llegan como los que estudiaron con los alumnos de teología, sino que son involucrados con el liderazgo local.

El resultado en cuanto a bautismo permitió durante todos los años y en distintas ciudades y regiones del país que, del blanco propuesto para cada alumno, en promedio de alcanzó un 80%.  Los bautismos no solo se generaron al final del período de la campaña, sino que a partir del primero de los tres meses de la estadía en dicha iglesia local.

Hoy día enfrentamos una crisis de liderazgo en la iglesia local, debido a los compromisos de tipo laboral que los miembros tienen.  Ello sobre todo en las grandes ciudades juega en contra por el cansancio de cada uno.  Entonces, se hace necesario fortalecer de manera intencional el liderazgo local, incluyendo un empoderamiento tanto del líder y de la iglesia local, porque es allí donde hacemos misión.

Considerando la figura del cuerpo que usa Pablo, deberíamos observar la simetría y equilibrio necesario.  De pronto visualizamos cierta desproporción entre los miembros del cuerpo y la cabeza, que aparece más grande y desproporcionada que el cuerpo.  Posiblemente sería un caso de hidrocefalia administrativa que impediría una salud sana para que la iglesia cumpla adecuadamente la misión. 

La cabeza es muy necesaria, porque es por quien podemos pensar, observar, escuchar, expresarnos o también oír.  El problema se genera cuando la cabeza no funciona adecuadamente a causa de un exceso administrativo.  En el caso de las iglesias no podemos olvidar que es la iglesia local, la que genera el crecimiento, dicho crecimiento no solo se relaciona con los nuevos conversos, también tiene que ver con lo referente a financiamiento y al tipo estructural.

Este puede ser un principio para considerar en cada uno de los niveles estructurales de cualquier organización.  En el caso de lo que estamos observando, también la iglesia local, debe mirar con detención que la cabeza no sea desproporcionada en relación con el resto del cuerpo.  El concepto de la pirámide invertida puede ser de mucha utilidad, para así construir la iglesia en todos sus niveles a partir de sus bases.  Dicha acción también estaría en acorde con la tónica que la sociedad está pidiendo para todas las instituciones, sean estas gubernamentales, empresariales y políticas.  Las personas disfrutan al ser empoderadas y capacitadas para cumplir con un objetivo.

Empoderar y capacitar a los líderes en la iglesia local, permitirá a la congregación avanzar y conseguir objetivos misionales con mayor precisión y de mayor y mejor alcance.

Stott, recomienda que el trabajo en la iglesia local debe considerar desde el local de reunión, hasta la planificación de una campaña evangelística[8].  Nosotros queremos proponer algunas pautas a considerar que pueden ser de beneficio para el cumplimiento de la misión.  En este sentido no podemos olvidar el empoderar y equipar o capacitar.  Empoderar porque debemos entregar a los líderes la certeza que están en condiciones para desarrollar sus dones y talentos que han sido obsequiados por el Espíritu Santo.  Es necesario que cada líder comprenda que, si permite al Señor ser usado para la misión, podrá ver que su radio de influencia se verá fortalecido y su trabajo traerá como consecuencia resultados sorprendentes que honrarán a Dios.

Continuando con Jhon Stott, él señala que es necesario que la iglesia debe observar su entorno, el grupo humano que es vecino a la iglesia, su nacionalidad, su rango social, el tipo de familia, si existen escuelas, el tipo de comercio, el tipo de vivienda, entre otros[9].  Este es un aspecto fundamental para así elaborar planes adecuados para conquistar dicho territorio.  En otras palabras, la iglesia local, no tendría necesariamente que desechar las orientaciones superiores, sino que debe adecuar y contextualizar dichos planes con el fin de poder alcanzar a las personas donde está la iglesia.

En cuanto a las capacitaciones, estas deben estar centradas también en la iglesia local, porque cada una de ellas es singular y particular en cuanto al grupo humano que reúne.  Dicha singularidad también estará relacionada con el sector y el grupo social.  Algunas iglesias pueden tener un grupo mayoritario de matrimonios jóvenes con muchos niños, otras iglesias pueden tener una mayoría de jóvenes y otras pueden tener adultos de la tercera edad, matrimonios jóvenes y niños.  Por ello es necesario que los lideres sean capaces de movilizar de manera distintiva a cada una de las iglesias.
La carencia de liderazgo se puede deber a distintos factores, posiblemente uno de ello pueda ser la hidrocefalia administrativa, que no permite a nuevos liderazgos desarrollarse y crecer en favor y beneficio de la iglesia.

En nuestra observación creemos que es necesario dar fuerza al liderazgo en la iglesia local para fortalecer en temas administrativos, en predicadores, ya que existe una ausencia en la predicación. La predicación debe contener aspectos de hermenéutica básica, homilética, técnicas de oratoria e impostación de la voz, igualmente es necesario que conozca claramente el núcleo de doctrinas bíblicas. 

En cuanto a los evangelistas locales, considerando en lo respectivo a instructores bíblicos que sean capaces de enseñar la Biblia a nuevos creyentes de manera que estos puedan comprender el plan de salvación y la aceptación de Jesucristo y las doctrinas distintivas de la iglesia. Para que de esta manera, los nuevos conversos lleguen a ser parte activa de la iglesia y su misión.

Los evangelistas locales también deben estar capacitados para organizar y liderar campañas de evangelismo que a su vez traerán nuevos creyentes a la iglesia. 

Entre otros liderazgos necesarios en la iglesia local, se encuentran los que liderarán grupos pequeños y maestros de la escuela sabática.  Estos liderazgos son de tipo pastoral, ya que requieren atención diferenciada a quienes están liderando.  Tanto en un grupo pequeño como en la unidad de acción el tipo de relacionamiento es básico y provee solidez a la iglesia local. 

Posiblemente pueda haber más liderazgos a fortalecer y equipar, ello va a depender de las necesidades de la iglesia, porque es allí, donde se cumple la misión, es en la iglesia local donde la movilización para la evangelización se genera; es en la iglesia local donde se cumple la misión que engrandece la obra en general. Es en la iglesia local, donde la iglesia institucional alcanza su misión de proclamar el triple mensaje angélico al mundo entero.

Pr. Aarón A. Menares Pavez©
Doctor en Teología


[1] Herman Ribberdbos, El pensamiento del apóstol Pablo (Grand Rapids: Desafío, 2000), 431
[2] Ibid, 434
[3] Michae Green, La iglesia local, agente de evangelización (Grand Rapids: Nueva Creación, 1996), 10
[4] Jhon Stott, El cristiano, contemporáneo (Grand Rapids: Desafío, 2001), 231
[5] Ibid, 230.
[6] Ibid, 233.
[7] Elena White, El evangelismo (Buenos Aires: ACES, 1993), 280.
[8] Stott, El cristiano contemporáneo, 238, 239.
[9] Ibid, 237.

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