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viernes, 20 de diciembre de 2019

Principio N°7. “La evangelización escatológica es en base a una testificación que evidencia la vida de Cristo en el creyente”




Ya hemos visto anteriormente de manera simple el concepto de testigo en el Principio N°2.  Nos parece que las palabras de Cristo a los discípulos antes de ascender al cielo tienen trascendencia no solo para el inicio de la iglesia cristiana, sino que es relevante para toda su historia, y fundamentalmente, así como lo fue en los inicios, será en el fin de la historia; previo al cumplimiento de la promesa hecha por el Señor de regresar por segunda vez. 

Ante la pregunta sobre cuándo será el fin del mundo, el Señor les responde que no es cuestión de ellos saberlo, sino que esa atribución le compete sólo al Padre. En su respuesta Jesús traslada el énfasis a la misión y al cumplimiento de la señal sobre la predicación del evangelio a todo el mundo (Mt 24:14); el Señor continúa su respuesta y les complementa la estrategia ya antes registrada en Mateo 28: 19-20 y les anuncia una ayuda sobrenatural para cumplir la misión. Nunca estarían solos ya que Él les prometió que no los dejaría huérfanos en referencia a la promesa de un Consolador (Jn 14:17), entonces Jesús les dice “pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra” (Hch 1: 7, 8). 

Junto con ser una estrategia misional, Jesús señala dos cuestiones fundamentales, la primera es que la misión se cumplirá con la disposición de los discípulos, pero investidos de un poder sobrenatural, en segundo lugar, el Señor presenta la idea de ser testigos.  Los testigos como quienes experimentan en su vida la transformación de vida, y que están en condiciones de ir a compartir lo que Dios ya ha hecho en ellos.  De esta manera están listos para señalar al mundo que es verdad el evangelio, que la transformación es real, porque ellos ya han sido transformados en hijos de Dios.

Aunque hablamos de este tema en el proceso del discipulado, quisiéramos agregar dos conceptos que nos parecen necesarios destacar como referentes en la predicación en un contexto escatológico, como son la integridad y la credibilidad.

Nos parece necesario que el testigo sea coherente con lo que predica y enseña, es decir el testigo tiene en sus manos la posibilidad, no solo de enseñar por medio de la palabra de Dios, o la enseñanza, ya sea esta por medio de la exhortación en el contexto de la iglesia o como un maestro de Biblia personalizado, sea coherente con lo que predica y enseña.  Esta virtud, le dará al testigo la credibilidad necesaria para que quienes son sus seguidores, señalen que la vida de su maestro es parecida al objetivo que enseña. 

La historia de José es una verdadera escuela de integridad, porque, aunque su vida personal fue expuesta a distintas experiencias de tipo límite, él no testificó negativamente de su fe, y el rango de influencia de sus actos alcanzó positivamente tanto a los egipcios como a su familia a quien entró a Egipto. 

Revisemos un poco lo que fue la vida de José desde el comienzo de su desgracia.  Fue vendido como esclavo y dado por muerto por sus propios hermanos (Gn 37:20).  Esta acción tendría que haber abierto los ojos de cualquier persona, ya que José estaba viviendo una injusticia total sobre él.  Sin contar la traición de sus propios hermanos.  Cualquier acción que José hubiera tomado, posiblemente la habríamos entendido al tenor de lo que estaba viviendo.  No tenemos un relato en la Biblia que describa la pena, la rabia y la frustración que debe haber provocado la acción por parte de sus hermanos en el corazón de José.  Sentirse traicionado es una experiencia límite, sobre todo cuando son personas muy cercanas, como deberían haber sido sus hermanos. Sin embargo, y también a la distancia observamos en la disfuncionalidad del hogar donde vivía José, de la irresponsabilidad de un padre en hacer una diferencia con él por sobre sus hermanos con una túnica que lo posicionaba por encima de ellos; la acción de sus hermanos se podría igualar a acciones que hoy son cuestiones de violencia intrafamiliar. 

El asunto es que José en medio de toda esta traición, no defraudó a su Dios, bajó su cabeza de manera sumisa y posiblemente aplicó alguna enseñanza entregada por su padre de confiar en el Señor en medio de un caudal de situaciones que no estaban en su mano calmar.  Esta confianza plena en Dios lo hizo avanzar, la Biblia señala que todo lo que José hacía era prosperado, porque el Señor estaba con él (Gn 39:2). 

También José experimentó además de la traición, la difamación por parte de la mujer de Potifar, esta mujer que lo seducía permanentemente, y que José rechazó, lo acusó de haber abusado de ella (Gn 39:17, 18).  En este aspecto la integridad del joven fue reforzada en una cuestión que por la etapa juvenil podemos señalar que su fortaleza al decir que no, lo destaca como íntegro.  José posteriormente y luego de pasar otros momentos de incertidumbre, llega a ser el segundo luego de Faraón.  Pero que podemos decir finalmente sobre la integridad y credibilidad de José, ¿qué fue lo trascendental en la historia de este joven ejemplar?  Lo trascendente en la historia de José, no fue su ‘túnica’, no fue la ‘traición’, no fue la ‘difamación’ y tampoco su ‘posición’ como segundo después de Faraón; lo trascendental fue que Dios estaba con él y que todo lo que José hacía era bendecido y conducido por el Señor. 

Esta integridad en José hizo que todo lo que él se proponía contaba con credibilidad y la presencia divina permitía que sus propuestas y objetivos alcanzaran el éxito. 

Cuando Jesús dice que los misioneros del fin del tiempo que son sus testigos, también está señalando que esos testigos, son íntegros y creíbles, en su vida no existe un doble ánimo o doble estándar. Su vida es coherente tanto en lo privado como en lo público, en casa se lo reconoce como un testigo íntegro al igual que en la iglesia y en su trabajo.  Se lo reconoce en todas partes como un testigo de Jesús.

¿Por qué razón, entonces es importante que en un contexto escatológico los testigos de Cristo sean íntegros?  Porque de acuerdo con lo que la Biblia nos señala, dicho tiempo augura mucha angustia, desesperanza y una búsqueda de respuesta y de paz.  Entonces los testigos podrán compartir que es lo que les permite vivir en armonía y paz, aún y a pesar de lo que suceda en el mundo.

El tiempo del fin según la Biblia
De acuerdo con la Palabra de Dios, el tiempo del fin, o el tiempo previo a la segunda venida de Cristo, cumple con algunas características que hemos visto en tiempos pasados, por ejemplo, en el tiempo previo al diluvio, que fue un acontecimiento de juicio por parte de Dios con el fin de dar una nueva oportunidad de la raza humana.  Pero si tuviéramos que sistematizar algunas características, señalaríamos, por ejemplo, en algunos ámbitos como moral, ético, violencia y grandes catástrofes naturales.  Sobre las grandes catástrofes no nos referiremos, pero sobre el quiebre social nos parece interesante la manera como la Biblia lo describe.

Pablo en su carta a Timoteo le advierte sobre el tipo de personas y condición social que imperaría en momentos cruciales de la historia, posiblemente algunos de ellos los vivieron en cierta medida en la iglesia apostólica, pero, el énfasis está en el tiempo del fin. Es valeroso a nuestro juicio comprender como el apóstol describe esta condición ética, social y moral, la que además de una u otra manera impacta y permea también a la iglesia, esto porque quienes somos la iglesia no estamos ajenos a dicha influencia, por lo que tendríamos que poner mucho cuidado de no ser influenciados y distanciarnos de lo que Dios espera para nosotros como sus hijos.

El apóstol señala que en aquellos tiempos los hombres serán “egoístas, egocéntricos, avaros vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad” (2Ti 3:1-5).  La descripción es de una sociedad individualista y con poco sentido de comunidad. Una sociedad donde la competencia no es por avanzar y entregar el mejor trabajo, sino que una competencia desleal y que fomenta la traición, el odio, la desunión y el quiebre de las relaciones entre las personas.

Es en este contexto, donde los testigos de Cristo tienen la responsabilidad de testificar y de contarle al mundo del amor de Dios y de sus planes para la restauración de esta humanidad perdida.  Es en este ambiente enralecido cuando la evangelización adquiere un elemento único, porque las personas, aunque están envueltas en sus propias realidades y experiencias, son sensibles al dolor y la desesperanza. Este tiempo también es de mucha aflicción y de angustia, tal como la Palabra de Dios lo ha señalado (Jr 30:7), siendo la aflicción y la angustia una oportunidad para presentar a quien puede brindar esperanza en medio de la confusión.

Jesús habló sobre el futuro, hablo sobre su segunda venida, habló sobre las señales que antecederían su regreso, sin embargo, una de sus declaraciones nos hace revisar otro tiempo, cuando el mundo conocido terminó, como fueron los días de Noé.

El Señor pone este énfasis descriptivo de una sociedad que se quebró a partir de la institución de la familia, “porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, y casándose y dando en casamiento” (Mt 24:38). 

El debilitamiento de la institución de la familia trajo consecuencias éticas, morales y sociales en los días previos al diluvio.  Elena White, hace un comentario sobre ese tiempo.  Ella describe que la sociedad se corrompió y se introdujeron prácticas paganas inspiradas y motivadas por dioses “que se representaban como impuros, y sus adoradores daban rienda suelta a las pasiones bajas. Prevalecían vicios contra la naturaleza, y las fiestas religiosas se caracterizaban por una impureza general y pública”[1], siendo una de las prácticas más comunes la poligamia.  White, continúa señalando la estrategia diabólica para la destrucción de esa sociedad y que tendría, según Jesús un símil en el tiempo del fin.  Ella dice que Satanás hizo “un premeditado esfuerzo para corromper la institución del matrimonio, debilitar sus obligaciones, y disminuir su santidad; pues no hay forma más segura de borrar la imagen de Dios en el hombre, y abrir la puerta a la desgracia y al vicio”.[2] 

Notemos que la estrategia diabólica está bien planeada y que también la encontramos en nuestros días, cuando la sociedad si es que ya no está quebrada, avanza de manera rápida hacia allá.  Corromper el matrimonio, debilitar sus obligaciones y disminuir su santidad, parece un camino inteligente para disolver el matrimonio, que es la base bíblica de la sociedad. 

Hendriksen señala que la generación prediluviana se negó a recibir la amonestación, y determinaron vivir como siempre, sin importares nada la invitación que Noé hacía de parte de Dios, ellos continuaron su vida como siempre, en medio de una sociedad que puso al placer y la sensualidad en primer lugar[3], a esto podemos adicionar un elemento de soberbia e individualismo, ante la nula reacción a la invitación divina.

Cuando el Señor describe el tiempo del fin, señala que la sociedad estará quebrada moralmente, así como se quebró la sociedad prediluviana.  Es en este contexto cuando los testigos deben compartir de un Dios soberano, que busca la restauración y salvación de las personas.  El amor de Cristo es capaz de transformar la vida de todo creyente, de reformar cualquier conducta que interrumpa que la presencia divina se manifieste en las personas. 

Al observar la recomendación de Cristo, debemos también mirar el registro del Génesis sobre esa generación, allí se describen las negativas características que imperaban como razones por las que el diluvio vino.  El texto dice que Jehová vio “que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente al mal” (Gn 6:5), los pecados de los habitantes de la tierra eran la corrupción delante de Jehová y violencia, que por lo que se puede entender era una característica generalizada (v. 11, 12).

La corrupción descrita aquí se relaciona con el intento de la humanidad de enfrentar y desafiar a Dios, de enfrentar y desafiar su autoridad y de buscar igualarse frente al Creador, al igual como los ángeles que se rebelaron en el cielo (2Pe 2:4; Jd 6)[4].  El desconocimiento de Dios como el Señor, los condujo a la anarquía, porque ellos hacían lo que bien les parecía, esta corrupción los llevo de la mano a la violencia generalizada.

Matthew Henry hablando sobre la violencia entre los hombres, describe al nivel que llega la humanidad cuando abandona y se enajena de su Creador. “Si se quitan la conciencia y el temor de Dios, los hombres se convierten en fieras y en demonios los unos contra los otros”[5].  La violencia aquí no solo representa un acto violento simple, sino que actos de violencia extrema, en hebreo tiene entre otras connotaciones, la extorción, la opresión, en griego, la palabra se relaciona con romper, ejercer fuerza, sacudir, obligar.  Podemos observar que esta descripción de violencia nos es muy común y lo podemos ver incluso en los actos de terrorismo en nuestro mundo contemporáneo.

Los testigos de Cristo que viven previo a la segunda venida deben considerar que su mensaje se entrega en estos contextos, no podemos ser ciegos y reconocer que los días que hoy vivimos son muy parecidos a lo que la Biblia señala como fueron los días de Noé.  Es este tiempo presente cuando se requiere de evangelizadores que sean testigos de un Dios que cada vez es menos requerido, un Dios que cada vez es menos considerado en la vida de las personas.  Nuestra actual sociedad se caracteriza por la corrupción en todos los sentidos, una corrupción por parte de muchos liderazgos y por una corrupción que está conduciendo a la sociedad a la anarquía, una sociedad que ya no reconoce a Dios como el dueño del planeta y de la vida misma.

Otro elemento del tiempo previo a la segunda venida de Cristo es lo que llamo el Síndrome laodicense, este síndrome se caracteriza por la sistematización valórica, el sincretismo religioso y la acomodación a la cultura pasando a llevar las indicaciones divinas.  Es posible que tenga su símil con la corrupción descrita en los días previos al diluvio.  La tibieza de Laodicea (Ap 3:16) representa la indiferencia y la soberbia, porque cree ser rica y cree no necesitar nada (v,17) por ello es que se le recomienda hacer reformas y una búsqueda de ayuda que solo puede venir de parte de Dios; la recomendación es de adquirir oro refinado en fuego, vestiduras blancas y colirio para poder ver (v.18), todo esto como un símbolo de las necesidades espirituales en el tiempo previo a la venida de Jesús. 

Las personas necesitan ser refinadas por Dios, necesitan de su justicia para no vivir con la justicia pecaminosa de los hombres y finalmente necesitan que sus ojos puedan ver con responsabilidad los tiempos en que se vive. Es el tiempo en que tal como advirtió el profeta Isaías, a lo bueno llaman malo y a lo malo llaman bueno (Is 5:20), esta es una clara advertencia sobre el cambio valórico y una nueva visión de la vida, a partir de la experiencia humana, distanciándose de lo que Dios ha señalado para los hombres.

Siendo esta una sencilla observación sobre lo que la Biblia señala o describe el tiempo del fin, el tipo de humanidad, nos parece importante considerarlo cuando esperamos ser verdaderos testigos de Cristo, predicar y evangelizar a las personas para que sean salvos. 

Nos hacemos la siguiente pregunta, ¿de qué manera la evangelización de tipo testimonial será clave en el tiempo del fin?  Creemos que la predicación de tipo testimonial debe considerar estas realidades, aprender a comprender el tipo de sociedad en la que se vive para así proponer el tipo de evangelización a realizar.

Aunque el tipo de vida que existe en el tiempo del fin no concuerda con los postulados y principios bíblicos, el testigo no está ni para criminalizar, ni para criticar y menos para obligar a las personas.  La predicación de tipo guerrilla, que está llena de críticas no es la estrategia que podemos visualizar en las palabras de Cristo, porque Él jamás estableció parámetros en la evangelización que no consideren el respeto a las personas. Por ejemplo, no sería una buena práctica quemar algún tipo de símbolo de alguna denominación, para ‘enseñar’ que dicho símbolo no concuerda con la Biblia.   Al testigo le toca conducir a otros a Cristo, de esta manera la vida de estos nuevos creyentes será transformada a la de un verdadero discípulo. 

Todas las estrategias son buenas, aunque nos parece necesario el contextualizarlas a las distintas realidades sociales y culturales.  Es decir, no necesariamente una campaña evangelística como se hacía hace 30 años de 90 días será necesaria hoy; la campaña como estrategia es buena, sin embargo, habrá que encontrar una manera que sea efectiva en el presente.  En este mismo sentido el uso de la tecnología puede ser un gran aliado, siempre y cuando la vida virtual del discípulo tenga coherencia con la vida real como seguidor de Cristo.

Las estrategias no serán lo suficientemente efectivas, si los canales de evangelización no son coherentes con el mensaje. Tomando la expresión del apóstol Pablo dicho mensaje será como un feo golpe de metal, cuyo sonido es desagradable e insoportable (1Co 13:1).  En este sentido, el testigo del tiempo del fin, al igual que Noé que fue hallado fiel (Gn 6:8), debe ser íntegro, sin doble ánimo (Stgo 1:8), una persona confiable y que represente a quien dice seguir.  Esta cuestión es la más difícil en el contexto de la evangelización, y puede transformar el trabajo misionero en algo egoísta y superficial, donde la salvación de las personas puede pasar a segundo lugar, destacando por sobre ello los éxitos de la evangelización.  Los éxitos de la evangelización tienen que ver con la salvación, renovación y la nueva vida de los que aceptan a Jesús como su Señor y Salvador, y no de la fama y prestigio del testigo.

El discípulo, el testigo que predica en el tiempo del fin entonces debe considerar una involución en la sociedad, un cambio valórico, donde hay mucha violencia, donde existen conflictos familiares, donde no existe el compromiso, donde hay mucha violencia, donde hay una marcada corrupción en todo ámbito, partiendo por el deseo humano de posicionarse de manera osada frente a Dios para confrontarlo con soberbia y así determinar según su propia opinión que es bueno y que es malo.

En dicho contexto las palabras de Cristo, de ser testigos cobran gran relevancia, Jesús estableció que los discípulos del tiempo del fin, como en toda época sean sus fieles representantes; que en su vida, estilo de vida y en todo ámbito de acción, sean sus representantes.  De esta manera con el poder del Espíritu Santo el mundo será iluminado con el mensaje de salvación y muchos serán alcanzados; entonces el anuncio de Jesús se habrá cumplido porque el evangelio será anunciado a todo el mundo y él regresará por sus fieles testigos.


Pr. Aarón A. Menares Pavez©
Doctor en Teología





[1] Elena White, Patriarcas y profetas (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1971), 350
[2] Ibid.
[3] Guillermo Hendriksen, El evangelio según San Mateo (Grand Rapids: Desafío, 1986), 912.
[4] Danie Carro, Comentario bíblico mundo hispano Genesis (El Paso, Tex: Mundo Hispano, 1993), 69.
[5] Matthew  Henry Comentario Biblico de Matthew Henry (Terrassa: Clie, 1999), 28.

domingo, 1 de diciembre de 2019


La Biblia y el cambio climático

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Hace ya varios años somos testigos de noticias e informaciones sobre los efectos del cambio climático, cuestiones ambientales son de preocupación mundial por el efecto que hoy vemos ya una realidad.

En el año 1992 se llevó a cabo en Rio de Janeiro la Cumbre de la tierra con el fin de establecer parámetros a seguir para la protección del medio ambiente y de especies que ya se veían amenazadas, siendo la principal, la humana. Las reuniones han avanzado, hasta llegar al pacto de Paris en 2015, con el compromiso que la temperatura en el planeta no continúe aumentando.  Una nueva reunión liderada por las Naciones Unidas se llevará a cabo en Madrid el año 2019 (la COP25 originalmente se llevaría a cabo en Chile, pero, a causa del estallido social, el presidente de España ofreció al presidente de Chile realizar el evento, con el liderazgo de Chile en Madrid) con el fin de fortalecer las políticas de las naciones para evitar el aumento de la temperatura y otras cuestiones de tipo ambientales.

Con el inicio de la industrialización y el ‘desarrollo’ humano, se intensificó el Co2 de manera notoria y con ello el aumento de la temperatura del planeta desde un 0,5 a 1,5 en nuestros días y amenaza llegar a 2 grados en los próximos años, cuestión que los gobiernos esperan evitar con políticas medioambientales. 

El exvicepresidente norteamericano Al Gore, sorprendió el año 2006 con un documental denominado “Una verdad incómoda”, con el fin de despertar conciencia sobre el cambio climático.   De acuerdo con el documental, el aumento de la temperatura en la tierra traería consecuencias en el clima de todo el mundo, como podemos observar en el presente. Ya el año 2004, la película “El día después de mañana”, trató la hipótesis en ficción sobre los efectos del cambio climático, mostrando una catastrófica visión al respecto.

Por otro lado, están en menor grado eso sí, quienes postulan que un cambio climático en la tierra es parte de su ciclo de vida, ya que durante millones de años la tierra ha pasado por distintas fases climáticas, desde la Pangea, hasta lo que son hoy los continentes y sus distintos y diversos climas.  Sin embargo, ambas teorías coinciden que la mayor emisión de gases ha provocado el aumento en la temperatura y por ende es una condicionante a los efectos que hoy podemos ver en el mundo entero.
No es sorpresa que esta es hoy una realidad, ya que somos testigos de sequías en lugares donde había gran fortaleza vegetal y por otro lado lluvias y tormentas donde antes no existían.  Junto con ello podemos observar un aumento en el nivel del mar, y las grandes marejadas que han hecho replantear la edificación en la costa de muchas ciudades en distintos países.  Además del aterrador desprendimiento de hielos milenarios en la Antártica.

No cabe duda de que vivimos como planeta una emergencia ambiental de proporciones.  Pero ¿qué dice la Biblia sobre el cambio climático? ¿Qué dice la Biblia sobre las condiciones climáticas?

Podemos ver la interacción divina en varias ocasiones y que se relacionan con el clima.  Ante esto debemos asumir que el clima que hoy tenemos no es el clima del planeta una vez creado por Dios.  El relato de la creación nos entrega dos elementos importantes al respecto. Primero dice que los astros como el sol y la luna señalarían los cambios en las estaciones del año (Gn 1:14), dando a entender un clima para cada estación. También el relato del Génesis entrega información sobre cómo las plantas y la vegetación recibirían agua, un rocío que subía de la tierra las regaba, porque no llovía (Gn 2:5,6), es decir, el agua fluía desde la tierra.

Sin embargo, el mayor dato de un cambio climático aconteció con el diluvio. El diluvio para los creacionistas es importante, ya que no creemos en una datación de millones de años como aquellos que postulan que el cambio climático es parte de una de las fases del planeta.

Dios habló a Noé para que construyera un gran barco, con el fin de dar refugio y salvación a la humanidad y preservar a los animales.  Desde que Dios le habló a Noé y el inicio del diluvio pasaron 120 años, donde el clima, se mantuvo tal cual como Dios lo había creado, ya que no se registra en la Biblia algún cambio de tipo climático hasta el diluvio. 

Lo que sucedió en con diluvio ha sido motivo de estudios, ya que la catástrofe no solo trajo agua desde el cielo, que de acuerdo con el relato bíblico las fuentes de los cielos fueron abiertas, pero también se rompieron las fuentes subterráneas de agua, el relato señala de la siguiente manera, “se reventaron las fuentes del mar profundo y se abrieron las compuertas del cielo” (Gn 7:11 NVI). La descripción es elocuente, la catástrofe incluyó lluvia, terremoto, tsunami, cataclismo total en el planeta.  Sabemos que la lluvia intensa fue durante 40 días, sin embargo, no nos dice, cuanto tiempo tardó el agua en cubrir las zonas habitadas, no obstante, podemos intuir que el agua cubrió las zonas habitadas en menos tiempo.

Este relato que para los creacionistas es un hecho, aparece como el cambio climático y geográfico de mayor trascendencia, ya que de acuerdo con el registro fósil podemos observar que las capas terrestres en distintos lugares dan cuenta de una catástrofe como la descrita en el Génesis. 

A partir de este relato, la Biblia describe sequías y lluvias sorprendentes. Por ejemplo José es portavoz de un mensaje a Faraón sobre siete años de abundancia y siete años de hambruna; durante los primeros siete años, la tierra sería fértil, por lo que las condiciones climáticas serían las apropiadas para el grano y de acuerdo al sueño interpretado por José, sería de tal magnitud, que podrían cubrir los siguientes siete años de hambre, ya que la tierra no estaría en condiciones de producir alimento (Gn 41: 26, 27, 47-49, 53, 43).

En los tiempos de Elías, se describe una sequía que dejó varios muertos, Israel no pasaba por buenos tiempos en cuanto a su relación con Dios, la mala decisión de Acab en unirse con Jesabel, lo había transformado en un rey que no conducía al pueblo en el camino correcto. Entonces el profeta anuncia una sequía que duraría tres años, “vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra (1Re 17:1). La historia cuenta de sorprendentes maneras en que Dios sostuvo al profeta y a los fieles que se mantuvieron lejos de la influencia negativa del rey.  El relato nos dice que la lluvia vino por mandato de Dios y por aviso del profeta (1Re 18:1), luego de un enfrentamiento entre los adoradores de Baal y de Jehová. La lluvia vino de manera sorpresiva, pero no para el profeta, ya que Dios había señalado que llovería, pero el relato bíblico da cuenta que la lluvia fue generosa, y que “los cielos se oscurecieron con nubes y viento, y hubo una gran lluvia” (v.45).

El clima ya sea manifestado en lluvia, tormenta o granizo, también se asocia a juicios divinos. Por ejemplo, una de las plagas en Egipto fueron granizos combinados con fuego “muy pesados, cual nunca hubo en Egipto” (Ex 9:18). La descripción es elocuente, “y Moisés extendió su vara hacia el cielo, y Jehová hizo tronar y granizar, y el fuego se descargó sobre la tierra, y Jehová hizo llover granizo sobre la tierra de Egipto” (v. 22,23). En el mismo contexto de las plagas a Egipto hubo una que convirtió las aguas de los ríos en sangre (Ex 7: 17,18), afectando directamente a una fuente natural para a vida como es el agua de los ríos, por ejemplo. 

Algo parecido podemos ver en la descripción de las últimas plagas, que afectarán a las aguas del mar y los ríos convirtiéndolas en sangre (Ap 16:3,4), la cuarta plaga es sobre el sol, quien recibió la fuerza para quemar a los hombres (v. 8), una característica también del cambio climático y el aumento de la temperatura a nivel global, pero también a nivel local en algunas latitudes del planeta.

Al iniciar la séptima trompeta, que desde nuestra interpretación se inició el año 1844, el texto describe sucesos importantes sobre la reacción de las personas en un contexto del fin del mundo y el pronto regreso de Jesús.  El tiempo ha llegado, el tiempo “de destruir a los que destruyen la tierra” (Ap 11:18). A Simple vista podemos observar que el requerimiento divino es muy acertado en el contexto de lo que hoy vivimos, ya que el hombre literalmente está destruyendo la tierra, y se acerca el gran día de restauración que Él brindará a sus hijos con su segunda venida.

Como podemos ver la Biblia habla sobre el clima y el cambio climático.   El mayor cambio climático aconteció con el diluvio, no solo fue en cuanto al clima, sino también a la tierra en su totalidad.  Hoy no podemos negar que estamos viviendo un cambio climático, la ciencia así lo ratifica, avanzamos vertiginosamente a nuestra autodestrucción. Como cristianos somos responsables del cuidado del medio ambiente, es un deber que nos entregó Dios, por lo que debemos hacer lo necesario para aportar al cuidado de nuestro hogar. Sin embargo, no podemos negar que nuestra mayor esperanza está relacionada con el fin del planeta.  Nos preparamos para el mayor de todos los cambios climáticos, porque esperamos un nuevo cielo y una nueva tierra, “porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más” (Ap 21:1). 

Nuestra esperanza radica, más allá de lo que el hombre, la ciencia y la política puedan ofrecer, nuestra esperanza de un mejor mundo está en Cristo, esperamos su venida y con ello la restauración no solo del planeta, sino de nuestras vidas.

Pr. Aarón A. Menares Pavez
Doctor en Teología


martes, 12 de noviembre de 2019


Principio N°6. “La movilización para la evangelización se inicia a partir de la iglesia local”


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Hasta aquí todo lo que hemos señalado está centrado en la iglesia local y de manera especial en los principios 4 y 5, al hablar de Hechos 2: 42-47; porque es en la iglesia local donde la misión es generada.  La misión, aunque tiene una connotación mundial, no se centra en lo global, sino que, en lo particular; porque es allí donde los creyentes tienen la posibilidad de testificar de su fe. Lo global tiene trascendencia en las palabras de Cristo, cuando señaló que el evangelio debe llegar hasta lo último de la tierra (Hch 1:8), o el cumplimiento misional del anuncio del evangelio del reino a todo el mundo antes del fin (Mt 24:14).

En iglesias como la adventista, el liderazgo hacia la misión mantiene pautas que se esperan sean orientadoras para avanzar de manera armoniosa en cuanto a su cosmovisión que mantiene la unidad e identidad de la iglesia en general.  Las pautas bien pueden ser parámetros en lo macro que a su vez se transforman en fundaciones que entregan solidez estructural para la construcción de la iglesia y la misión.

En este mismo sentido la iglesia apostólica también tiene una estructura general que entrega directrices con el fin que la iglesia local sea capaz de cumplir con la misión establecida por Cristo de anunciar la salvación a los pecadores.

La misma comisión evangélica es una directriz para seguir, porque al ir y enseñar, bautizar y discipular como un mandato a la iglesia en general es un mandato para seguir por cada creyente. Por ello la iglesia local debe establecer estrategias necesarias para así poder cumplir con el objetivo de la iglesia en general.

El objetivo que le fue entregado a la iglesia era llegar con el evangelio hasta lo último de la tierra, sin embargo, como podemos observar en las cartas neotestamentarias, sean estas dirigidas a personas o iglesias o las así llamadas universales, centraban el foco misionero o congregacional en la iglesia local.

El concepto de iglesia local aparece en contraparte al de iglesia global o universal.  Cuando se habla se una iglesia universal se está hablando de todos los cristianos. En el caso de la iglesia apostólica se puede visualizar y diferenciar la idea de la iglesia como macro y la iglesia como local. 

Pablo usa la palabra ekklesía para describir a la totalidad del pueblo de Dios independiente de su disgregación en distintos lugares como lo son las iglesias locales que se reunían en las casas (Ef 1:22; 3:10, 21; 5:23-32; Col 4:15; Flm 2). En las otras epístolas del apóstol ekklesía es usada frecuentemente como iglesia local; “como regla general significa simplemente ‘la iglesia’, aunque algunas veces también ‘la iglesia de Dios’ (1Co 10:32; 11:22; 15:9; Ga 1:13; 1Ti 3:15) o simplemente como ‘la iglesia’”[1].

Una buena ilustración de esta distinción entre ambas iglesias como local y universal, pero que no con ello eran entidades contrarias la una de la otra, sino que se complementaban en el cumplimiento de la misión. En el relato que Pablo hace sobre su conversión queda de manifiesto esta singularidad, “y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco” (Hch 9:2), lo mismo se refiere en el capítulo 22: 5 y 26:11.  En Damasco ya existía una iglesia local, al igual que en Jerusalén, cada una con su distinción y características particulares que posiblemente la distinguían la una de la otra, pero que en su fin compartían la enseñanza y misión. 

En el aspecto pastoral y epistolar del apóstol, podemos identificar un mensaje exclusivo para la iglesia local, así se puede desprender, por ejemplo, con los saludos a la iglesia de Corinto, “a la iglesia de Dios que está en Corinto” (1Co 1:2; 2Co 1:1) dice el apóstol.

Para Pablo, tanto la iglesia en general como la iglesia local no son separadas. El apóstol pone el acento en las relaciones de la iglesia local; destacando que su localía es una representación del pueblo de Dios en general[2].

En lo referente al cumplimiento de la misión de la iglesia, la iglesia local aparece como clave para la evangelización. Michael Green señala que “la iglesia, la congregación local es la matriz que da a luz una evangelización saludable”[3], porque es a partir de allí donde los creyentes tienen la posibilidad de compartir su fe; es en medio de su entorno donde es posible la testificación de un Salvador que murió en lugar nuestro, que resucitó, que ascendió al cielo y que regresará, según el mismo lo prometió (Jn 14:6).

En su carta a los Tesalonicenses Pablo destaca este hecho sobre la evangelización, que inicia en la iglesia local, “porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor” (1 Tes 1:8), aún más el texto describe que a partir de dicho trabajo evangelístico, la salvación pudo llegar a Macedonia y Acaya.  Jhon Stott señala que de esta manera la iglesia local se convierte en una caja de resonancia que amplifica el mensaje, una especie de satélite de comunicación que recibe y retransmite un mensaje.  Es necesario que toda la iglesia que ha oído el evangelio, debe transmitirlo y concluye que, si esto hubiera sido practicado, el mundo habría sido evangelizado hace tiempo[4].

Este aspecto es lo más trascendente sobre la iglesia local.  La iglesia local mantiene una identidad y distinción y así es capaz de cumplir el mandato misionero, tal cual como lo señaló el Señor, primero en Jerusalén, luego en Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra (Hch 1:8). 

Este argumento es trascendental cuando planificamos las acciones misioneras.  Sin embargo, existe un importante aspecto a incluir en dicha planificación; se hace necesario considerar a la iglesia local, a la hora de planificar y elaborar planes de evangelización.  No es posible planear, sin tener a la iglesia local en esta discusión, aunque esta sea una práctica más que habitual, no solo en lo referente a las iglesias, sino que en todo ámbito social en el que se lidere a grupos de personas.

Para Stott, “la evangelización por parte de la iglesia local es el método más normal, natural y productivo de extender el evangelio en nuestros días”[5]. La iglesia como tal, sea local o global, tiene una doble identidad, es decir la iglesia ha sido llamada a salir del mundo a fin de adorar a Dios y enviada al mundo para dar testimonio y servir[6], y esta doble identidad se desarrolla a partir de la iglesia local, para fortalecer la iglesia global y de esta manera cumplir con la misión evangélica.

Se debe ser muy cuidadoso al planificar sin considerar ya sea la identidad y desafíos locales.  Esto, por ejemplo, puede variar según la cultura en alguna región del mundo o incluso en un mismo país; ya que es posible que converjan distintas culturas y subculturas.  Por ello no es lo mismo presentar el evangelio a una sociedad con altos índices de secularismo, a otra donde los habitantes son renuentes a lo espiritual y religioso.

Las diferencias pueden incluso observarse en ciudades, ya que, en las grandes poblaciones urbanas, coexisten distintas culturas y clases sociales, y si aún más consideramos el fenómeno de la migración, en las ciudades que son cosmopolitas conviven distintas culturas representativas de otras naciones diferentes a la nativa.

Estas y otras características nos obliga a mirar a la iglesia local como la gran gestora de la evangelización, por ello se hace necesario empoderarla invirtiendo tiempo y recursos en la preparación, fortalecimiento, equipamiento y capacitación del liderazgo local, así como una adecuada, contextualizada y acertada planificación que considere las distinciones y características singulares de cada lugar; esto es hacer misión.

Equipando a la iglesia local para la evangelización
El apóstol Pablo entiende que la iglesia debe movilizarse a partir de la célula más pequeña, y que es necesario que sus miembros al asumir su compromiso misional reciban el adecuado equipamiento, y que dicho trabajo sea relacionado con los dones espirituales.  En relación con los dones espirituales abarcaremos en un capítulo futuro, sin embargo, es necesario mencionarlo ahora, porque es indispensable para la evangelización que los miembros de la iglesia local cumplan su ministerio en armonía con su vocación, dones y talentos que le han sido regalados para ser una bendición a la iglesia local y mundial.

Efesios 4, nos entrega una clave al respecto. El apóstol señala que en la iglesia han sido constituidas distintas funciones a partir de los dones espirituales.  Apóstoles, profetas, evangelistas, pastores, maestros, con la finalidad de “perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Ef 4:11, 12).  El énfasis está muy claro, ya que la obra del ministerio que es la evangelización se realiza por supuesto con la ayuda y liderazgo sobrenatural del Espíritu Santo, pero es a partir de un liderazgo en la iglesia local.

Por ello se hace deber planificar, capacitar y direccionar el accionar en la iglesia local, para el cumplimiento de la misión. 

Elena White, al hablar sobre el establecimiento de la obra en nuevos lugares describe el trabajo que la iglesia local debe realizar junto al pastor.  Ella habla de capacitación, organización y un desafío de avanzada misionera.  Entre las instrucciones podemos sistematizar de la siguiente manera: 1) Instrucción adecuada en relación a métodos adecuados, 2) cada miembro cumpliendo su obra como parte del cuerpo de Cristo, 3) cumplir obra misionera, 4) Asumir la responsabilidad personal en cuando a la fidelidad de diezmos, fidelidad a Dios, 5) Alcanzar armonía entre los hermanos, 6) Los miembros deben ser capacitados para liderar la iglesia local de manera autónoma pero armónica con el liderazgo superior, 7) Un liderazgo capaz de asegurar que la iglesia local se mantenga con asistencia y con identidad en Jesús y la doctrina característica de la iglesia.  Ella dice que una vez que la iglesia local sea capaz de cumplir todo esto, entonces los pastores podrán ir a otros lugares para abrir nueva obra[7].

Durante algunos años tuve a cargo en la Facultad de Teología de la Universidad Adventista de Chile, la campaña evangelística que se cumple en el tercer año.  Observando las estrategias que se habían realizado, decidimos proponer una que se relacionara directamente con la iglesia local.  Cuando era alumno y realicé la campaña mientras estaba en el pregrado, lo único que hicimos fue dar estudios bíblicos, además de poner las películas, ser maestros de ceremonia, recibir y despedir a las personas que asistían al centro de predicación. 

En nuestra propuesta que realizamos junto al Decano a las instancias superiores de la iglesia, se incluía una cohesión con la iglesia local.  Un alumno era asignado a una iglesia y se lo empoderaba a partir del departamento misionero; los otros estratos administrativos de la iglesia no eran considerados, ya que dicha labor le correspondía a la junta y al pastor.  El hecho de trabajar en una iglesia, con todo el equipo misionero, permitió cumplir algunos objetivos formativos de los futuros pastores y además la iglesia local se vio beneficiada de manera notoria.

Los objetivos de aprendizaje para el alumno estaban centrados en tres ejes, el primero como instructor bíblico, el segundo como movilizador y capacitador de iglesia y el tercero realizar evangelismo y participar de un evento evangelístico macro. 

Los tres ejes estaban fundados en el contexto de la iglesia local, porque los estudios bíblicos que el alumno tendrá están cercanos a la iglesia local, estos alumnos serían a partir de su propio trabajo, pero también en conjunto con los instructores bíblicos de la iglesia local.  El objetivo de movilizador y capacitador se cumplía con capacitaciones que el alumno realizaría a instructores y nuevos instructores bíblicos en la iglesia local, así también con los grupos pequeños.  Esto cumple también con un objetivo de discipulado, ya que en la interacción de los alumnos con los hermanos de la iglesia local van a enseñar y ser enseñados en la misión; como ya hemos señalado que el discipulado en la iglesia local también es mutuo.

El alumno junto a la iglesia preparaba una campaña que lideraría él, pero que no sería solo un resultado de su trabajo, sino que en conjunto con la iglesia local.  Esta acción se diferenciaba con la participación de un evento metropolitano, donde junto a la iglesia asignada, participarían también de manera armoniosa de una campaña con un evangelista invitado.

Como resultado de este trabajo integral entre los alumnos de la Facultad y la iglesia local, no solo disfrutamos de bautismos, también la iglesia local, al ser involucrada en la evangelización fue fortalecida en sus bases.  Los nuevos creyentes no llegan como los que estudiaron con los alumnos de teología, sino que son involucrados con el liderazgo local.

El resultado en cuanto a bautismo permitió durante todos los años y en distintas ciudades y regiones del país que, del blanco propuesto para cada alumno, en promedio de alcanzó un 80%.  Los bautismos no solo se generaron al final del período de la campaña, sino que a partir del primero de los tres meses de la estadía en dicha iglesia local.

Hoy día enfrentamos una crisis de liderazgo en la iglesia local, debido a los compromisos de tipo laboral que los miembros tienen.  Ello sobre todo en las grandes ciudades juega en contra por el cansancio de cada uno.  Entonces, se hace necesario fortalecer de manera intencional el liderazgo local, incluyendo un empoderamiento tanto del líder y de la iglesia local, porque es allí donde hacemos misión.

Considerando la figura del cuerpo que usa Pablo, deberíamos observar la simetría y equilibrio necesario.  De pronto visualizamos cierta desproporción entre los miembros del cuerpo y la cabeza, que aparece más grande y desproporcionada que el cuerpo.  Posiblemente sería un caso de hidrocefalia administrativa que impediría una salud sana para que la iglesia cumpla adecuadamente la misión. 

La cabeza es muy necesaria, porque es por quien podemos pensar, observar, escuchar, expresarnos o también oír.  El problema se genera cuando la cabeza no funciona adecuadamente a causa de un exceso administrativo.  En el caso de las iglesias no podemos olvidar que es la iglesia local, la que genera el crecimiento, dicho crecimiento no solo se relaciona con los nuevos conversos, también tiene que ver con lo referente a financiamiento y al tipo estructural.

Este puede ser un principio para considerar en cada uno de los niveles estructurales de cualquier organización.  En el caso de lo que estamos observando, también la iglesia local, debe mirar con detención que la cabeza no sea desproporcionada en relación con el resto del cuerpo.  El concepto de la pirámide invertida puede ser de mucha utilidad, para así construir la iglesia en todos sus niveles a partir de sus bases.  Dicha acción también estaría en acorde con la tónica que la sociedad está pidiendo para todas las instituciones, sean estas gubernamentales, empresariales y políticas.  Las personas disfrutan al ser empoderadas y capacitadas para cumplir con un objetivo.

Empoderar y capacitar a los líderes en la iglesia local, permitirá a la congregación avanzar y conseguir objetivos misionales con mayor precisión y de mayor y mejor alcance.

Stott, recomienda que el trabajo en la iglesia local debe considerar desde el local de reunión, hasta la planificación de una campaña evangelística[8].  Nosotros queremos proponer algunas pautas a considerar que pueden ser de beneficio para el cumplimiento de la misión.  En este sentido no podemos olvidar el empoderar y equipar o capacitar.  Empoderar porque debemos entregar a los líderes la certeza que están en condiciones para desarrollar sus dones y talentos que han sido obsequiados por el Espíritu Santo.  Es necesario que cada líder comprenda que, si permite al Señor ser usado para la misión, podrá ver que su radio de influencia se verá fortalecido y su trabajo traerá como consecuencia resultados sorprendentes que honrarán a Dios.

Continuando con Jhon Stott, él señala que es necesario que la iglesia debe observar su entorno, el grupo humano que es vecino a la iglesia, su nacionalidad, su rango social, el tipo de familia, si existen escuelas, el tipo de comercio, el tipo de vivienda, entre otros[9].  Este es un aspecto fundamental para así elaborar planes adecuados para conquistar dicho territorio.  En otras palabras, la iglesia local, no tendría necesariamente que desechar las orientaciones superiores, sino que debe adecuar y contextualizar dichos planes con el fin de poder alcanzar a las personas donde está la iglesia.

En cuanto a las capacitaciones, estas deben estar centradas también en la iglesia local, porque cada una de ellas es singular y particular en cuanto al grupo humano que reúne.  Dicha singularidad también estará relacionada con el sector y el grupo social.  Algunas iglesias pueden tener un grupo mayoritario de matrimonios jóvenes con muchos niños, otras iglesias pueden tener una mayoría de jóvenes y otras pueden tener adultos de la tercera edad, matrimonios jóvenes y niños.  Por ello es necesario que los lideres sean capaces de movilizar de manera distintiva a cada una de las iglesias.
La carencia de liderazgo se puede deber a distintos factores, posiblemente uno de ello pueda ser la hidrocefalia administrativa, que no permite a nuevos liderazgos desarrollarse y crecer en favor y beneficio de la iglesia.

En nuestra observación creemos que es necesario dar fuerza al liderazgo en la iglesia local para fortalecer en temas administrativos, en predicadores, ya que existe una ausencia en la predicación. La predicación debe contener aspectos de hermenéutica básica, homilética, técnicas de oratoria e impostación de la voz, igualmente es necesario que conozca claramente el núcleo de doctrinas bíblicas. 

En cuanto a los evangelistas locales, considerando en lo respectivo a instructores bíblicos que sean capaces de enseñar la Biblia a nuevos creyentes de manera que estos puedan comprender el plan de salvación y la aceptación de Jesucristo y las doctrinas distintivas de la iglesia. Para que de esta manera, los nuevos conversos lleguen a ser parte activa de la iglesia y su misión.

Los evangelistas locales también deben estar capacitados para organizar y liderar campañas de evangelismo que a su vez traerán nuevos creyentes a la iglesia. 

Entre otros liderazgos necesarios en la iglesia local, se encuentran los que liderarán grupos pequeños y maestros de la escuela sabática.  Estos liderazgos son de tipo pastoral, ya que requieren atención diferenciada a quienes están liderando.  Tanto en un grupo pequeño como en la unidad de acción el tipo de relacionamiento es básico y provee solidez a la iglesia local. 

Posiblemente pueda haber más liderazgos a fortalecer y equipar, ello va a depender de las necesidades de la iglesia, porque es allí, donde se cumple la misión, es en la iglesia local donde la movilización para la evangelización se genera; es en la iglesia local donde se cumple la misión que engrandece la obra en general. Es en la iglesia local, donde la iglesia institucional alcanza su misión de proclamar el triple mensaje angélico al mundo entero.

Pr. Aarón A. Menares Pavez©
Doctor en Teología


[1] Herman Ribberdbos, El pensamiento del apóstol Pablo (Grand Rapids: Desafío, 2000), 431
[2] Ibid, 434
[3] Michae Green, La iglesia local, agente de evangelización (Grand Rapids: Nueva Creación, 1996), 10
[4] Jhon Stott, El cristiano, contemporáneo (Grand Rapids: Desafío, 2001), 231
[5] Ibid, 230.
[6] Ibid, 233.
[7] Elena White, El evangelismo (Buenos Aires: ACES, 1993), 280.
[8] Stott, El cristiano contemporáneo, 238, 239.
[9] Ibid, 237.