Ya hemos visto anteriormente de manera simple el
concepto de testigo en el Principio N°2.
Nos parece que las palabras de Cristo a los discípulos antes de ascender
al cielo tienen trascendencia no solo para el inicio de la iglesia cristiana,
sino que es relevante para toda su historia, y fundamentalmente, así como lo
fue en los inicios, será en el fin de la historia; previo al cumplimiento de la
promesa hecha por el Señor de regresar por segunda vez.
Ante la pregunta sobre cuándo será el fin del mundo,
el Señor les responde que no es cuestión de ellos saberlo, sino que esa
atribución le compete sólo al Padre. En su respuesta Jesús traslada el énfasis
a la misión y al cumplimiento de la señal sobre la predicación del evangelio a
todo el mundo (Mt 24:14); el Señor continúa su respuesta y les complementa la
estrategia ya antes registrada en Mateo 28: 19-20 y les anuncia una ayuda
sobrenatural para cumplir la misión. Nunca estarían solos ya que Él les
prometió que no los dejaría huérfanos en referencia a la promesa de un
Consolador (Jn 14:17), entonces Jesús les dice “pero recibiréis poder cuando
haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en
Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra” (Hch 1: 7,
8).
Junto con ser una estrategia misional, Jesús señala
dos cuestiones fundamentales, la primera es que la misión se cumplirá con la
disposición de los discípulos, pero investidos de un poder sobrenatural, en
segundo lugar, el Señor presenta la idea de ser testigos. Los testigos como quienes experimentan en su
vida la transformación de vida, y que están en condiciones de ir a compartir lo
que Dios ya ha hecho en ellos. De esta
manera están listos para señalar al mundo que es verdad el evangelio, que la
transformación es real, porque ellos ya han sido transformados en hijos de
Dios.
Aunque hablamos de este tema en el proceso del
discipulado, quisiéramos agregar dos conceptos que nos parecen necesarios
destacar como referentes en la predicación en un contexto escatológico, como
son la integridad y la credibilidad.
Nos parece necesario que el testigo sea coherente con
lo que predica y enseña, es decir el testigo tiene en sus manos la posibilidad,
no solo de enseñar por medio de la palabra de Dios, o la enseñanza, ya sea esta
por medio de la exhortación en el contexto de la iglesia o como un maestro de
Biblia personalizado, sea coherente con lo que predica y enseña. Esta virtud, le dará al testigo la
credibilidad necesaria para que quienes son sus seguidores, señalen que la vida
de su maestro es parecida al objetivo que enseña.
La historia de José es una verdadera escuela de
integridad, porque, aunque su vida personal fue expuesta a distintas
experiencias de tipo límite, él no testificó negativamente de su fe, y el rango
de influencia de sus actos alcanzó positivamente tanto a los egipcios como a su
familia a quien entró a Egipto.
Revisemos un poco lo que fue la vida de José desde el
comienzo de su desgracia. Fue vendido
como esclavo y dado por muerto por sus propios hermanos (Gn 37:20). Esta acción tendría que haber abierto los
ojos de cualquier persona, ya que José estaba viviendo una injusticia total
sobre él. Sin contar la traición de sus
propios hermanos. Cualquier acción que
José hubiera tomado, posiblemente la habríamos entendido al tenor de lo que
estaba viviendo. No tenemos un relato en
la Biblia que describa la pena, la rabia y la frustración que debe haber
provocado la acción por parte de sus hermanos en el corazón de José. Sentirse traicionado es una experiencia
límite, sobre todo cuando son personas muy cercanas, como deberían haber sido
sus hermanos. Sin embargo, y también a la distancia observamos en la
disfuncionalidad del hogar donde vivía José, de la irresponsabilidad de un
padre en hacer una diferencia con él por sobre sus hermanos con una túnica que
lo posicionaba por encima de ellos; la acción de sus hermanos se podría igualar
a acciones que hoy son cuestiones de violencia intrafamiliar.
El asunto es que José en medio de toda esta traición,
no defraudó a su Dios, bajó su cabeza de manera sumisa y posiblemente aplicó
alguna enseñanza entregada por su padre de confiar en el Señor en medio de un
caudal de situaciones que no estaban en su mano calmar. Esta confianza plena en Dios lo hizo avanzar,
la Biblia señala que todo lo que José hacía era prosperado, porque el Señor estaba
con él (Gn 39:2).
También José experimentó además de la traición, la
difamación por parte de la mujer de Potifar, esta mujer que lo seducía
permanentemente, y que José rechazó, lo acusó de haber abusado de ella (Gn
39:17, 18). En este aspecto la
integridad del joven fue reforzada en una cuestión que por la etapa juvenil
podemos señalar que su fortaleza al decir que no, lo destaca como íntegro. José posteriormente y luego de pasar otros
momentos de incertidumbre, llega a ser el segundo luego de Faraón. Pero que podemos decir finalmente sobre la
integridad y credibilidad de José, ¿qué fue lo trascendental en la historia de
este joven ejemplar? Lo trascendente en
la historia de José, no fue su ‘túnica’, no fue la ‘traición’, no fue la
‘difamación’ y tampoco su ‘posición’ como segundo después de Faraón; lo
trascendental fue que Dios estaba con él y que todo lo que José hacía era
bendecido y conducido por el Señor.
Esta integridad en José hizo que todo lo que él se
proponía contaba con credibilidad y la presencia divina permitía que sus propuestas
y objetivos alcanzaran el éxito.
Cuando Jesús dice que los misioneros del fin del
tiempo que son sus testigos, también está señalando que esos testigos, son
íntegros y creíbles, en su vida no existe un doble ánimo o doble estándar. Su
vida es coherente tanto en lo privado como en lo público, en casa se lo
reconoce como un testigo íntegro al igual que en la iglesia y en su
trabajo. Se lo reconoce en todas partes
como un testigo de Jesús.
¿Por qué razón, entonces es importante que en un
contexto escatológico los testigos de Cristo sean íntegros? Porque de acuerdo con lo que la Biblia nos
señala, dicho tiempo augura mucha angustia, desesperanza y una búsqueda de
respuesta y de paz. Entonces los
testigos podrán compartir que es lo que les permite vivir en armonía y paz, aún
y a pesar de lo que suceda en el mundo.
El
tiempo del fin según la Biblia
De acuerdo con la Palabra de Dios, el tiempo del fin,
o el tiempo previo a la segunda venida de Cristo, cumple con algunas
características que hemos visto en tiempos pasados, por ejemplo, en el tiempo
previo al diluvio, que fue un acontecimiento de juicio por parte de Dios con el
fin de dar una nueva oportunidad de la raza humana. Pero si tuviéramos que sistematizar algunas
características, señalaríamos, por ejemplo, en algunos ámbitos como moral,
ético, violencia y grandes catástrofes naturales. Sobre las grandes catástrofes no nos
referiremos, pero sobre el quiebre social nos parece interesante la manera como
la Biblia lo describe.
Pablo en su carta a Timoteo le advierte sobre el tipo
de personas y condición social que imperaría en momentos cruciales de la
historia, posiblemente algunos de ellos los vivieron en cierta medida en la
iglesia apostólica, pero, el énfasis está en el tiempo del fin. Es valeroso a
nuestro juicio comprender como el apóstol describe esta condición ética, social
y moral, la que además de una u otra manera impacta y permea también a la
iglesia, esto porque quienes somos la iglesia no estamos ajenos a dicha
influencia, por lo que tendríamos que poner mucho cuidado de no ser influenciados
y distanciarnos de lo que Dios espera para nosotros como sus hijos.
El apóstol señala que en aquellos tiempos los hombres
serán “egoístas, egocéntricos, avaros vanagloriosos, soberbios, blasfemos,
desobedientes a los padres, ingratos, impíos sin afecto natural, implacables,
calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores,
impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán
apariencia de piedad” (2Ti 3:1-5). La
descripción es de una sociedad individualista y con poco sentido de comunidad.
Una sociedad donde la competencia no es por avanzar y entregar el mejor
trabajo, sino que una competencia desleal y que fomenta la traición, el odio,
la desunión y el quiebre de las relaciones entre las personas.
Es en este contexto, donde los testigos de Cristo
tienen la responsabilidad de testificar y de contarle al mundo del amor de Dios
y de sus planes para la restauración de esta humanidad perdida. Es en este ambiente enralecido cuando la
evangelización adquiere un elemento único, porque las personas, aunque están
envueltas en sus propias realidades y experiencias, son sensibles al dolor y la
desesperanza. Este tiempo también es de mucha aflicción y de angustia, tal como
la Palabra de Dios lo ha señalado (Jr 30:7), siendo la aflicción y la angustia
una oportunidad para presentar a quien puede brindar esperanza en medio de la
confusión.
Jesús habló sobre el futuro, hablo sobre su segunda
venida, habló sobre las señales que antecederían su regreso, sin embargo, una
de sus declaraciones nos hace revisar otro tiempo, cuando el mundo conocido
terminó, como fueron los días de Noé.
El Señor pone este énfasis descriptivo de una sociedad
que se quebró a partir de la institución de la familia, “porque como en los
días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, y casándose y dando en
casamiento” (Mt 24:38).
El debilitamiento de la institución de la familia
trajo consecuencias éticas, morales y sociales en los días previos al diluvio. Elena White, hace un comentario sobre ese
tiempo. Ella describe que la sociedad se
corrompió y se introdujeron prácticas paganas inspiradas y motivadas por dioses
“que se representaban como impuros, y sus adoradores daban rienda suelta a las
pasiones bajas. Prevalecían vicios contra la naturaleza, y las fiestas
religiosas se caracterizaban por una impureza general y pública”[1], siendo una de las
prácticas más comunes la poligamia.
White, continúa señalando la estrategia diabólica para la destrucción de
esa sociedad y que tendría, según Jesús un símil en el tiempo del fin. Ella dice que Satanás hizo “un premeditado
esfuerzo para corromper la institución del matrimonio, debilitar sus
obligaciones, y disminuir su santidad; pues no hay forma más segura de borrar
la imagen de Dios en el hombre, y abrir la puerta a la desgracia y al vicio”.[2]
Notemos que la estrategia diabólica está bien planeada
y que también la encontramos en nuestros días, cuando la sociedad si es que ya
no está quebrada, avanza de manera rápida hacia allá. Corromper el matrimonio, debilitar sus
obligaciones y disminuir su santidad, parece un camino inteligente para
disolver el matrimonio, que es la base bíblica de la sociedad.
Hendriksen señala que la generación prediluviana se
negó a recibir la amonestación, y determinaron vivir como siempre, sin
importares nada la invitación que Noé hacía de parte de Dios, ellos continuaron
su vida como siempre, en medio de una sociedad que puso al placer y la
sensualidad en primer lugar[3],
a esto podemos adicionar un elemento de soberbia e individualismo, ante la nula
reacción a la invitación divina.
Cuando el Señor describe el tiempo del fin, señala que
la sociedad estará quebrada moralmente, así como se quebró la sociedad
prediluviana. Es en este contexto cuando
los testigos deben compartir de un Dios soberano, que busca la restauración y
salvación de las personas. El amor de
Cristo es capaz de transformar la vida de todo creyente, de reformar cualquier
conducta que interrumpa que la presencia divina se manifieste en las personas.
Al observar la recomendación de Cristo, debemos
también mirar el registro del Génesis sobre esa generación, allí se describen las
negativas características que imperaban como razones por las que el diluvio
vino. El texto dice que Jehová vio “que
la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los
pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente al mal” (Gn 6:5),
los pecados de los habitantes de la tierra eran la corrupción delante de Jehová
y violencia, que por lo que se puede entender era una característica
generalizada (v. 11, 12).
La corrupción
descrita aquí se relaciona con el intento de la humanidad de enfrentar y
desafiar a Dios, de enfrentar y desafiar su autoridad y de buscar igualarse
frente al Creador, al igual como los ángeles que se rebelaron en el cielo (2Pe
2:4; Jd 6)[4]. El
desconocimiento de Dios como el Señor, los condujo a la anarquía, porque ellos
hacían lo que bien les parecía, esta corrupción los llevo de la mano a la
violencia generalizada.
Matthew Henry
hablando sobre la violencia entre los hombres, describe al nivel que llega la
humanidad cuando abandona y se enajena de su Creador. “Si se quitan la conciencia y el temor de Dios, los hombres se convierten
en fieras y en demonios los unos contra los otros”[5]. La violencia aquí no solo representa un acto violento
simple, sino que actos de violencia extrema, en hebreo tiene entre otras
connotaciones, la extorción, la opresión, en griego, la palabra se relaciona
con romper, ejercer fuerza, sacudir, obligar.
Podemos observar que esta descripción de violencia nos es muy común y lo
podemos ver incluso en los actos de terrorismo en nuestro mundo contemporáneo.
Los testigos de Cristo que viven previo a la segunda venida deben
considerar que su mensaje se entrega en estos contextos, no podemos ser ciegos
y reconocer que los días que hoy vivimos son muy parecidos a lo que la Biblia
señala como fueron los días de Noé. Es
este tiempo presente cuando se requiere de evangelizadores que sean testigos de
un Dios que cada vez es menos requerido, un Dios que cada vez es menos
considerado en la vida de las personas.
Nuestra actual sociedad se caracteriza por la corrupción en todos los
sentidos, una corrupción por parte de muchos liderazgos y por una corrupción
que está conduciendo a la sociedad a la anarquía, una sociedad que ya no
reconoce a Dios como el dueño del planeta y de la vida misma.
Otro elemento del tiempo previo a la segunda venida de
Cristo es lo que llamo el Síndrome laodicense, este síndrome se caracteriza por
la sistematización valórica, el sincretismo religioso y la acomodación a la
cultura pasando a llevar las indicaciones divinas. Es posible que tenga su símil con la
corrupción descrita en los días previos al diluvio. La tibieza de Laodicea (Ap 3:16) representa
la indiferencia y la soberbia, porque cree ser rica y cree no necesitar nada
(v,17) por ello es que se le recomienda hacer reformas y una búsqueda de ayuda
que solo puede venir de parte de Dios; la recomendación es de adquirir oro
refinado en fuego, vestiduras blancas y colirio para poder ver (v.18), todo esto
como un símbolo de las necesidades espirituales en el tiempo previo a la venida
de Jesús.
Las personas necesitan ser refinadas por Dios,
necesitan de su justicia para no vivir con la justicia pecaminosa de los
hombres y finalmente necesitan que sus ojos puedan ver con responsabilidad los
tiempos en que se vive. Es el tiempo en que tal como advirtió el profeta
Isaías, a lo bueno llaman malo y a lo malo llaman bueno (Is 5:20), esta es una
clara advertencia sobre el cambio valórico y una nueva visión de la vida, a
partir de la experiencia humana, distanciándose de lo que Dios ha señalado para
los hombres.
Siendo esta una sencilla observación sobre lo que la
Biblia señala o describe el tiempo del fin, el tipo de humanidad, nos parece
importante considerarlo cuando esperamos ser verdaderos testigos de Cristo,
predicar y evangelizar a las personas para que sean salvos.
Nos hacemos la siguiente pregunta, ¿de qué manera la
evangelización de tipo testimonial será clave en el tiempo del fin? Creemos que la predicación de tipo
testimonial debe considerar estas realidades, aprender a comprender el tipo de
sociedad en la que se vive para así proponer el tipo de evangelización a realizar.
Aunque el tipo de vida que existe en el tiempo del fin
no concuerda con los postulados y principios bíblicos, el testigo no está ni
para criminalizar, ni para criticar y menos para obligar a las personas. La predicación de tipo guerrilla, que está
llena de críticas no es la estrategia que podemos visualizar en las palabras de
Cristo, porque Él jamás estableció parámetros en la evangelización que no
consideren el respeto a las personas. Por ejemplo, no sería una buena práctica
quemar algún tipo de símbolo de alguna denominación, para ‘enseñar’ que dicho
símbolo no concuerda con la Biblia. Al testigo le toca conducir a otros a Cristo,
de esta manera la vida de estos nuevos creyentes será transformada a la de un
verdadero discípulo.
Todas las estrategias son buenas, aunque nos parece
necesario el contextualizarlas a las distintas realidades sociales y
culturales. Es decir, no necesariamente
una campaña evangelística como se hacía hace 30 años de 90 días será necesaria hoy;
la campaña como estrategia es buena, sin embargo, habrá que encontrar una
manera que sea efectiva en el presente. En
este mismo sentido el uso de la tecnología puede ser un gran aliado, siempre y
cuando la vida virtual del discípulo tenga coherencia con la vida real como
seguidor de Cristo.
Las estrategias no serán lo suficientemente efectivas,
si los canales de evangelización no son coherentes con el mensaje. Tomando la
expresión del apóstol Pablo dicho mensaje será como un feo golpe de metal, cuyo
sonido es desagradable e insoportable (1Co 13:1). En este sentido, el testigo del tiempo del
fin, al igual que Noé que fue hallado fiel (Gn 6:8), debe ser íntegro, sin
doble ánimo (Stgo 1:8), una persona confiable y que represente a quien dice
seguir. Esta cuestión es la más difícil
en el contexto de la evangelización, y puede transformar el trabajo misionero
en algo egoísta y superficial, donde la salvación de las personas puede pasar a
segundo lugar, destacando por sobre ello los éxitos de la evangelización. Los éxitos de la evangelización tienen que
ver con la salvación, renovación y la nueva vida de los que aceptan a Jesús
como su Señor y Salvador, y no de la fama y prestigio del testigo.
El discípulo, el testigo que predica en el tiempo del
fin entonces debe considerar una involución en la sociedad, un cambio valórico,
donde hay mucha violencia, donde existen conflictos familiares, donde no existe
el compromiso, donde hay mucha violencia, donde hay una marcada corrupción en
todo ámbito, partiendo por el deseo humano de posicionarse de manera osada
frente a Dios para confrontarlo con soberbia y así determinar según su propia
opinión que es bueno y que es malo.
En dicho contexto las palabras de Cristo, de ser
testigos cobran gran relevancia, Jesús estableció que los discípulos del tiempo
del fin, como en toda época sean sus fieles representantes; que en su vida, estilo
de vida y en todo ámbito de acción, sean sus representantes. De esta manera con el poder del Espíritu
Santo el mundo será iluminado con el mensaje de salvación y muchos serán
alcanzados; entonces el anuncio de Jesús se habrá cumplido porque el evangelio
será anunciado a todo el mundo y él regresará por sus fieles testigos.
Pr. Aarón A. Menares Pavez©
Doctor en Teología
[1]
Elena White, Patriarcas y profetas (Buenos Aires: Asociación Casa Editora
Sudamericana, 1971), 350
[2]
Ibid.
[3]
Guillermo Hendriksen, El evangelio según San Mateo (Grand Rapids: Desafío,
1986), 912.

