Principios sobre lo que es la iglesia.
Principio N° 1: “La iglesia es un organismo vivo cuya mayor
acción es la de alcanzar a personas para la salvación”
Hoy por hoy, la iglesia avanza por un camino dificultoso en
medio de una sociedad secularizada y que pareciera que por fin dará el golpe
definitivo a la fe. Este pensamiento no
es más que el cumplimiento de las palabras de Cristo quien señaló que cuando el
regresara una de las señales sería la falta de fe, la pregunta es retórica, ya
que, al venir por segunda vez, describe la ausencia de la fe en las personas,
¿hallará fe en la tierra?” (Lc 18:8).
Es evidente que la nueva sociedad se caracteriza por su
independencia de la fe, por lo menos la fe en un ser trascendente y personal
como lo es Dios. La nueva sociedad está en condiciones de experimentar lo
espiritual en cuanto a la meditación y otros elementos provenientes de culturas
orientales, sin embargo, cada vez se distancia del Dios creador y redentor de
la humanidad.
Por esta razón es que se hace muy necesario reflexionar en
cuanto a lo que es verdaderamente la iglesia, buscar en la experiencia
neotestamentaria principios que puedan ser ilustrativos para aportar a la
iglesia contemporánea. Es casi una
necesidad preguntarnos sobre ¿qué es la iglesia? ¿cómo se vive en la iglesia?
¿Cómo se comporta la iglesia? En este aspecto el hecho testimonial, que nos
referiremos más adelante aparece como fundamental a la hora de conformar y
contextualizar la iglesia. Algunos han
pensado que la mejor manera de cumplir dicha contextualización es un cambio
radical en el tipo de música, maneras de adorar o incluso cuestiones ornamentales
en los templos. Sin embargo y en este
aspecto, no es nuestra intención realizar un análisis al respecto, creemos
importante revisar y reflexionar en una ontología sobre lo que es la iglesia y
de esa manera a partir de la búsqueda de principios, buscar propuestas que la ayuden
y fortalezcan.
Aunque alguno podría encontrar otros principios, nos parece que,
en la reflexión y la praxis personal, poder aportar a la discusión al respecto
considerando desde la base para luego buscar una estructura que sostenga una
búsqueda de una iglesia centrada en Cristo, su misión y del ejemplo de la
iglesia apostólica.
En esta búsqueda reflexiva nuestro primer principio es el
siguiente: “La iglesia es un organismo vivo cuya mayor acción es la de alcanzar
a personas para la salvación”.
Por mucho tiempo en esferas eclesiásticas, se ha discutido
sobre la misión de la iglesia. ¿Cuál es?
¿En qué consiste? El problema sobre la misión de la iglesia, no está en lo que
pueda o no ser, el problema se centra en quien es el origen y originador de la
misión. Cuando Jesús entregó las
directrices sobre el accionar futuro de sus discípulos, fue claro al
señalarlas. “Ir”, “enseñar y bautizar”,
todo esto centrado en la orden de “hacer discípulos” de Cristo (Mateo
28:19). Nos parece que esta discusión ya
ha sido clarificada por especialistas en iglecrecimiento, definiendo a la
misión conferida a la iglesia como parte del programa redentor establecido por
la Trinidad para la salvación de la humanidad. En este sentido, la Biblia es la
historia de la misión y los medios que Dios ha provisto para la salvación
humana[1] En este relato aparece el Hijo como el primer
misionero, enviado a este mundo desde el cielo, para proveer la salvación.
Pero antes de continuar sobre este punto, quisiéramos
referirnos a la primera parte de nuestro enunciado.
Iglesia como organismo vivo. La iglesia como
organismo y no como organización. Esta
cuestión no significa que la estrategia neotestamentaria, no incluya una
organización; ya que decir eso sería desconocer todo el trabajo, lleno de
estrategias misionales y organizativas que podemos identificar en la iglesia
apostólica. Un ejemplo de esto es el
nombramiento de los siete diáconos en apoyo a los apóstoles que se encargaban
de la predicación (Hch 7). O lo sucedido
en Jerusalén y las resoluciones de tipo teológica a la que llegaron tras el
concilio que los reunió en dicha ciudad (Hch 15). El trabajo coordinado de Pablo y sus viajes
misioneros, Pedro, Aquila y Priscila, y tantos más, dan cuenta de una
organización. En esta incipiente pero
fuerte organización, incluía la recolección de fondos para aportar a quienes
dedicaban su tiempo a la evangelización como también en la ayuda mutua en
tiempos muy difíciles para el cristianismo.
Referirnos a la iglesia como un organismo, más que una
organización nos parece mucho más cercano a la iglesia neotestamentaria. La diferencia entre uno y el otro radica en
que la organización es más estructura y el organismo que incluye estructura es
un ente con vida. Cuando pensamos en la
iglesia, no podemos pensar en algo solo estructural, aunque la estructura es
necesaria para avanzar en cuanto a lo indicado por Cristo. Sin embargo, necesitamos pensar en la iglesia
como un todo que tiene vida y se reproduce como la célula. Este último punto es lo que identifica a la
iglesia como un organismo y que tiene vida.
Christian Schwarz, hace la distinción y define el principio
que denominó como ‘biótico’ para referirse a un crecimiento de iglesia sano y
natural. La estructura que sería la
organización es robótica y persigue resultados mecanizados, sin embargo, el
biótico es natural y su crecimiento es lógico y consecuencia de la vida; ya que
como es vivo lo lógico es un crecimiento natural[2].
Entonces en este sentido hablamos de una iglesia carismática (dones),
inspirada, liderada y conducida por el Espíritu Santo.
La propuesta de Schwarz considera seis elementos sobre la
lógica de la biología, aplicada a la iglesia; de este modo la iglesia como un
organismo vivo es capaz de desarrollarse de manera natural considerando estos
principios: interdependencia, la multiplicación, la transformación de la
energía, los efectos múltiples, la simbiosis y la funcionalidad[3].
Entonces la iglesia, como organismo es más cercana a la
iglesia neotestamentaria que una iglesia como organización. Aunque el hecho que sea un organismo no
reniega que esta deba ser organizada en función de la misión que Cristo
estableció.
La misión de la iglesia es la misión de Dios.
Volvamos a la discusión sobre la misión de la iglesia. En liderazgo organizacional aprendemos que
toda empresa y todo individuo debe tener una visión y una misión. Cuando
hablamos de visión nos referimos a la proyección futura ya sea en la empresa u
organización o individual. En cuanto a
la misión se refiere a lo que es y lo que lo distingue de otras empresas u otro
individuo, si hablamos de una misión personal.
En el caso de la iglesia volvemos a plantear las preguntas
antes referidas, ¿Cuál es su misión?
¿Enseñar, predicar, bautizar, hacer discípulos? Los verbos antes
señalados en forma de pregunta, son válidos, bíblicos y son muy positivos. Cuando la iglesia se propone enseñar,
predicar, bautizar y hacer discípulos no podemos decir que sea una propuesta
negativa, muy por el contrario, es parte de la vida de iglesia cumplir con ello. Sin embargo ¿son estos la misión de la
iglesia?
En iglecrecimiento hemos aprendido a identificar el
verdadero enfoque sobre la misión. La
misión en primera instancia no es humana, aunque participamos de ella. La misión es de carácter divino. Como hemos
señalado nace en Dios, en la Trinidad.
Las tres personas de la divinidad han tomado parte en el establecimiento
de esta misión. Ya lo señaló Pedro que
el Hijo “fue ya destinado desde antes de la fundación del mundo” (1Pe1:20) como
rescate y salvación a la humanidad. El apóstol Juan declara que Jesús fue un
regalo del Padre para que todo aquel que en él crea sea salvo (Jn 3:16). La salvación es una cuestión que sólo otorga
Dios a los hombres y mujeres que le buscan con humildad. Es él quien ha propiciado la estrategia de
salvación, Cristo vino a este mundo como embajador del cielo para abrir los
portales de esperanza gracias a su sacrificio sustitutivo.
Jesús dice que nadie viene al Padre si no es por él (Jn
14:6). El Señor va a dejar esto muy claro, “ninguno puede venir a mí, si el
Padre que me envió no le trajere” (Jn 6:44). El énfasis del Señor está en que él
ha sido enviado a salvar con su propia vida en un acto de sustitución, tomando
el lugar del pecador. “El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me
envió; y el que me ve, ve al que me envió… porque yo no he hablado por mi
propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de
decir, y de lo que he de hablar” (Jn 12:44, 45, 49).
Entonces, al nacer la misión en el corazón de Dios, la
misión es ‘Misión de Dios’; en la que los humanos, que hemos aceptado la
salvación por gracia, somos invitados a participar e involucrarnos para
colaborar en la salvación de las personas. Eso quiere decir que “la iglesia es
el instrumento especial de la misión de Dios, más aún, la iglesia es misión”,[4]
siendo el agente de la misión.[5]
Van Engen, dice que “así como la iglesia emerge en forma natural,
pero con características sobrenaturales; es una entidad sociológica con
naturaleza espiritual”.[6]
Nos parece importante destacar este último punto, puesto que la iglesia, que
participa de la misión, aunque es integrada por individuos, su fuerza no radica
en las personas, sino que en Dios. Esto
le da a la iglesia como organismo la posibilidad de avanzar en la
evangelización de manera sorprendente por contar con un poder sobrenatural que
lidera la evangelización.
En este sentido la evangelización, el anuncio de las buenas
nuevas de salvación son parte activa de esta asociación humana en el plan de
salvación.
La evangelización.
La iglesia como organismo vivo tiene el privilegio de compartir el
mensaje de salvación a las personas, quienes en su libertad tienen la
posibilidad de aceptarla y hacer suya la salvación maravillosa de nuestro Dios
(Heb 2:3). Si consideramos que Jesús
vino a este mundo para brindarnos la vida eterna, dicha oferta está disponible
para todo quien desee aceptarla. La
aceptación de Cristo como salvador es tan trascendental que literalmente los
que aceptan la invitación del Señor, son trasladados desde las tinieblas a su
luz admirable (1Pe 2:9). Es un paso de
muerte a vida, “porque el que me halle, hallará la vida, Y alcanzará el favor
de Jehová (Prov 8:35).
El argumento sobre este punto en las Sagradas Escrituras es
muy claro, en Cristo hay vida, así lo podemos ver en el testimonio de Juan, “y
este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su
Hijo” (1Jn 5:11). El apóstol Pablo describe de manera elocuente lo que es el
pecado como agente del mal y lo que produce en el individuo que acepta a Jesús
como Salvador, “porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es
vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro (Ro 6:23).
Jesús en el contexto de la oración sacerdotal alude con
claridad la misma acción, porque en él hay vida. “Y esta es la vida eterna: que
te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”
(Jn 17:3).
Salvación a los hombres. La obra de salvación se la describe como una
de tipo regeneradora. Las personas que han aceptado la salvación, aceptando a
Jesús como el redentor son justificados, y hechos nueva criatura (1Co 5:17).
La justificación es una acción divina que no solo es forense, también tiene un
agente transformador en la vida del creyente.
La justificación es un regalo divino que se puede explicar de una manera
muy sencilla como decir, declarar justo a quien no lo es, o no puede serlo por
sus propios méritos. Por lo tanto, es justificado por los méritos de otro, en
este caso los méritos de Cristo que tiene la virtud de ser el único justo (1Jn
2:9).
Pablo relaciona la justificación con la paz. Es decir, quien es justificado por fe, recibe
no solo el perdón, sino que también la paz, gracias a Jesucristo, nuestro
salvador. “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio
de nuestro Señor Jesucristo” (Ro 5:1).
Vale la pena relacionar el que la iglesia sea un organismo
vivo, y cómo ésta, colabora para que las personas puedan experimentar la
gracia. Al estar involucrada la iglesia
en la misión de Cristo, también se involucra en la salvación de las
personas. Este es un tremendo privilegio
que tal vez no hemos considerado a cabalidad. Cada vez que la iglesia se
involucra en cualquier acción evangelizadora, debe considerar que se involucra
en la misión de Dios, y que en esta acción habrá personas que aún están en las
tinieblas del diablo y que con la testificación realizada por algunos de ellos,
esperamos muchos, serán arrebatados de dicho estado y pasarán a la luz
admirable, conocerán a Jesús y serán salvos. ¿No le parece que este es un
privilegio? ¿No le parece que es muy
grande dicho privilegio?
Faltando poco para que Jesús fuera crucificado, pasó por Jericó,
las acciones de Cristo no eran casuales, no olvidemos que su anhelo era cumplir
con la misión encomendada; esa misión era la salvación de las personas, restaurar
a personas que habían sido atormentados por el pecado.
Es en este contexto que podemos citar el encuentro con Zaqueo.
Este hombre había llevado una vida nefasta, abusando de los demás, dichas
acciones le habían traído consecuencias en lo social. Por lo que el pecado no
solo había traído para él una separación abierta con Dios, sino también el
desprecio social. El Señor se dio el
tiempo para atender la intención de Zaqueo, que solo se conformaba con ver de
cerca a Jesús, sin embargo, y para sorpresa de Zaqueo, el Maestro se detiene y
le habla, no solo le habla, sino que va a su casa, manifestando un detalle
especial hacia Zaqueo.
El atribulado, pero ahora esperanzado hombre, da una cena al
Señor y Jesús señala que “hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él
también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar
lo que se había perdido” (Lc 19: 9, 10).
Este es el privilegio que tiene la iglesia. La iglesia como organismo, no como
organización o estructura tiene el privilegio de alcanzar a las personas para
llevarlos a la salvación, cumpliendo las indicaciones del Maestro de ‘ir’,
‘enseñar’, ‘bautizar’ y ‘discipular’ de
manera continua, hasta alcanzar la meta propuesta por Cristo como señal de su
segunda venida; que el evangelio alcance a toda criatura (Mt 24:14). La
iglesia es parte activa del plan de salvación, ya que en todo su accionar su
único fin es la salvación de las personas.
La iglesia como organismo vivo, tiene el privilegio de estar
involucrada en la salvación de las personas, entregando la oportunidad a todos
de ser rescatados, restaurados y salvados del pecado por Cristo, nuestro
Salvador.
Aarón A. Menares Pavez©
Doctor en Teología
[1]
Jonatán P. Lewis, Misión Mundial (Miami: Miami: 1990), 1: 12
[2]
Christian Schwarz, Las 8 características Básicas de una iglesia saludable (Barcelona:
Clíe, 1996), 62, 63.
[3]
Ibid, 66-79.
[4]
Daniel Rode, Fundamentos de crecimiento de iglesia (Libertador San Martín: Universidad
Adventista del
Plata, 2008),
11.
[5]
Ibid.
[6] Carlos
Van Engen, El pueblo misionero de Dios (Michigan: Desafío, 2004), 48.

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