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viernes, 31 de mayo de 2019


El Universo habla de Dios

(Fuente imagen almaobservatory.org)
El pasado 10 de abril de 2019, el mundo entero se conmovió con la primera imagen de un agujero negro; comprobando así la teoría que Einstein había formulado al respecto hace unos 100 años.  Ya se había especulado que existían datos suficientes como para presentar en sociedad la primera imagen de un espectáculo que en alguna región del universo nos brindó la maravilla estelar que dará origen a múltiples investigaciones.

Fue katie Bouman, una científica de tan sólo 29 años quien ayudó a crear el algoritmo con el que se creó la imagen, que en su totalidad pesó cinco mil billones de bytes, que equivalen a varios gigas de información, ya que se debieron alinear telescopios en distintas partes del planeta para poder así obtener la imagen del agujero negro en una galaxia lejana.  Lo que pudimos ver ya había sido imaginado y de manera muy cercana en la película “Interestelar”, imagen a la que el director del film, primero se asesoró por científicos para presentar lo que podría ser un agujero negro real.  Por lo que se ha señalado está muy cercana a la realidad de lo que ahora podemos todos gracias a la tecnología observar en la fotografía presentada a la prensa en conferencia mundial.

Existe una pregunta que se asocia directamente con el espacio entre los cristianos, ya que creemos que el universo no se gobierna solo, sino que existe un Creador y sustentador de todo, incluido del agujero negro que nos fue presentado.  ¿Cómo podemos visualizar a Dios?  ¿Por qué los telescopios, aún no dan cuenta del cielo o del trono de Dios?  La respuesta no es sencilla, ya que no contamos con dichas imágenes, ni de Dios, ni de su trono.  Pero al observar y ser testigos de lo que se nos presentó recientemente, podemos reflexionar en lo eterno y sublime que sí son características de Dios. 

El agujero negro es tres millones de veces el tamaño de la tierra, y la distancia entre la tierra y el agujero negro de 55 veces la velocidad de la luz, distancia que es imposible de alcanzar desde nuestro nivel, porque necesitamos miles de años luz para llegar allá.  Es decir, si enviamos una sonda espacial, y esta hipotéticamente viajara a la velocidad de la luz, tardaría 55 millones de años en llegar allí.  Dicho tiempo no ‘existe’ para nosotros.  Ni siquiera desde la mirada de un evolucionista tendría lógica, porque nos enfrentamos con lo eterno, y lo eterno aún no lo podemos comprender, por nuestra limitación.

La Biblia nos presenta a un Dios sublime y eterno, incomprensible desde nuestra finitud.  El universo nos habla de lo sublime y eterno y de lo incomprensible por los miles de millones de estrellas que existen en el universo, y que parece interminable; es eterno.  A ello podemos adicionar la perfección, y sustento en cada región del universo.  Por ello es que los cielos hablan de la gloria de Dios (Salmos 19:1).  Al observar la imagen del Black Hole no podemos dejar de asombrarnos por lo pequeño e indefensos que somos ante lo sublime de la grandeza y lo vasto de lo que es el universo. 

La Biblia también nos dice que ese Dios, creador y sustentador de todo el universo, un día bajó a este planeta y se humanó.  Humanarse es el acto de amor más grande que Dios podría haber realizado, ya que se minimizó a tal nivel que se hizo igual a nosotros, enfrentando desventajas similares a las que nosotros experimentamos diariamente (Hebreos 4:15).

Mientras caminaba por Galilea y Palestina manifestó su amor y ternura por la debilidad humana que estaba contaminada por el pecado.  Aunque dicha contaminación no lo alcanzó a él, si experimentaba el dolor por los demás.  Un día sanó a una mujer encorvada, que en su miseria durante 18 años había tenido que experimentar esta mutilación física y sicológica (Lucas 13:10-17).  Jesús la libertó de esta enfermedad, porque Él la había creado y dado vida, porque tenía el poder de restaurar, de sanar, de darle una nueva vida; era Dios, el creador, el Dios que gobierna todo el universo.

Otro día Jesús calmó la tempestad que arreciaba y amenazaba con tumbar la vida de los discípulos.  Pero el Señor levantó sus manos y el viento y el mar le obedeció, trayendo la tan ansiada calma que necesitaban sus discípulos (Mateo 8: 23-27).

Cuando pensamos en lo sublime y eterno, no podemos dejar de pensar en el Dios que todo lo sustenta, y eso incluye nuestras vidas.  De pronto podemos olvidar que Dios está al control a causa de situaciones que nos aquejan.  Algunas de ellas producto de nuestras malas decisiones y otras que suceden sin que las busquemos, y tal vez como los discípulos acudimos con miedo y aterrorizados a despertar al Señor porque parece que se ha dormido. Sin embargo, eso no es cierto, Él no duerme, Él está atento y dispuesto.  El Dios que sustenta el universo también es nuestro Dios, es cercano y nos atiende de manera personal. 

¿Como lo hace?, Nos es imposible comprenderlo desde nuestra imperfecta humanidad como Él puede atender a cada hijo suyo, aún pudiendo de manera finita observar la infinitud en la imagen de un agujero negro, que Dios sí atiende de manera especial a cada uno de sus hijos.

En nuestra reflexión final sobre esta imagen, solo queda el invitar a quien lo desee a mirar en lo excelso y magno que es el universo y buscar con fe al creador de todas las cosas, también es el Salvador, porque murió por nosotros, para que así un día podamos conocer lo eterno.  No importa el valle de sobras que transitemos, sea el que sea, Dios está al control y eso nos pone muy feliz.

Aarón A. Menares Pavez©
Doctor en Teología

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