Un sermón de hace muchos años para nosotros
Los libros de la Biblia pueden
ser diferenciados por estilos literarios, por ejemplo, encontramos libros que
son históricos, otros son poéticos, están los evangelios, están los
apocalípticos y las cartas en el Nuevo Testamento. Entre las cartas encontramos
algunas de ellas que son pastorales, las paulinas, que son la mayoría ya que
Pablo es el autor más destacado en el Nuevo Testamento. También están las
epístolas universales. Entre estas
cartas está la carta a los Hebreos, cuyo estilo literario tiene como
característica de ser una homilía, es decir un sermón. Dicho sermón habría sido escrito antes de la
destrucción del tempo en el 70 dC, en un período de alta complejidad para la
naciente iglesia cristiana en tierras palestinas.
Sobre la autoría, se ha discutido
si es o no Pablo, sin embargo y de acuerdo a Scofield, la carta mantiene el
estilo de Pablo, por lo que, y aunque no haya sido él su autor, la carta si se
puede considerar como paulina.
La tesis de Pablo como autor es
antigua, ya en el año 200 existe en el papiro P16 (Codes Chester Beatty) dicha aseveración,
aunque ya antes de ello Orígenes daba por hecho la autoría del apóstol[1].
El tema de la autoría de Pablo o no de la carta a los Hebreos es una cuestión
que no ha llegado a un acuerdo, aunque existe un relacionamiento en cuanto a la
temática de la carta con la temática del apóstol como son: cristología,
neumatología, la justificación por la fe, Israel, la despedida de la carta es
muy similar al de las despedidas en las cartas de Pablo. Sin embargo, no
aparece en ninguna parte el nombre del apóstol, el estilo idiomático y el buen
uso de la lengua griega, más la elegancia del estilo, no corresponden a lo
usual en las otras cartas con un lenguaje rudo que es propio de un hebreo que
se expresa en griego. Y la carta a los
hebreos -escrita en griego- mantiene una
riqueza de estilo propia de un helenista.
Esta discusión en realidad no nos
afecta, y tampoco afecta que el Espíritu Santo estuvo allí liderando la
escritura del texto para traer a los cristianos del primer siglo y los
cristianos de nuestros días un mensaje de esperanza y confianza en el sustituto
Sumo Sacerdote que permanentemente intercede por todo aquel que lo busca de
manera sincera.
Los destinatarios
La carta no señala una iglesia
puntual a la que esté dirigida, y, como no tenemos dicho dato, podemos observar
en la misma carta algunos detalles que nos pueden dar algunas luces sobre los
destinatarios.
Una de las características más
claras de la carta es el uso relacionado al sistema sacrificial levítico. Se evidencia un conocimiento muy claro sobre
el tabernáculo del desierto y cada uno de los símbolos, también es capaz de
aplicar a Cristo cada uno de los símbolos que para el contexto judío o hebreo
era más que familiar. Por esta razón es
que algunos piensan que podrían ser parte de este grupo aquellos sacerdotes que
aceptaron a Jesús como el Mesías y se convirtieron al cristianismo, el registro
bíblico lo describe así: ‘muchos sacerdotes obedecían a la fe” (Hechos 6:7). Los destinatarios debían conocer muy bien el
Antiguo Testamento y probablemente eran parte del gran grupo judeo-cristiano de
la iglesia apostólica. No es un misterio que de los primeros seguidores de
Jesús fueron judíos que lo aceptaron como el cumplimiento de las profecías
mesiánicas. El tema de los destinatarios
puede quedar en las distintas hipótesis, sin embargo y como se evidencia en la
carta, su mensaje fue recibido por una iglesia que necesitaba de la constante
presencia de Jesús, de ser fortalecidos en tiempos de dificultad, de sombrías experiencias
a causa de su fe.
Mensaje a los hebreos
Entre los mensajes que
encontramos a la iglesia del primer siglo y que también podemos aplicar a
nuestro tiempo podrían estar en tres líneas: 1) Palabra de exhortación, 2)
Alentar a los creyentes y 3) Advertir sobre los peligros que pueden
experimentar quienes participan de la iglesia.
La iglesia apostólica se
caracterizó entre otras por su entrega y dedicación incondicional a Jesús. En
esto debemos entender que el Espíritu Santo había hecho su obra y pasaron de
ser creyentes en un sistema que anunciaba la redención en un Mesías que
vendría, a creyentes redimidos y que aprendieron a caminar por la fe.
Considerando que la mayoría de los hebreos conocía el ritual levítico, al
conocer al Señor experimentaron su propia shekiná teniendo por la fe acceso
directo a Dios por medio del Cordero real y ya no más del símbolo que requerían
de manera permanente experimentar repetidas veces; porque ahora encontraron en
Jesús al Cordero que quita el pecado del mundo y su propia reconciliación.
Haber aceptado a Jesús trajo
consecuencias no gratas en los nuevos creyentes, la iglesia comenzaba a ser
perseguida y con ello la vida de cada uno corría latente peligro. Nunca ha sido
fácil que las libertades sean limitadas y menos a causa de lo que creemos o
decidimos. La carta habla de “vituperios y tribulaciones” que incluyeron encarcelamiento
y humillaciones (Hebreos 10:32-34).
Si pudiéramos aplicar esta
experiencia a la nuestra, tal vez alguno diría que no padecemos lo mismo, sin embargo,
es evidente que hay muchos que padecen persecución a causa de su fe. Es verdad que en algunas regiones del mundo
es muy difícil ser seguidor de Cristo, pero en aquellos lugares donde existe
libertad de fe y creencia, también padecemos incómodos momentos a causa de
nuestra fe. Estoy pensando, por ejemplo,
en un joven que testifica de su fe en un Señor que no puede demostrar de manera
empírica y sólo por su testimonio. También en un jefe de hogar que debió
renunciar a un buen trabajo porque no le permitían servir al Señor de manera
concreta, por ejemplo, en su fidelidad en el día del Señor. Son tantas las
experiencias que requieren del apoyo y amparo del mismo Señor que fortaleció la
fe de los hebreos. Hoy los ‘hebreos’
contemporáneos necesitamos ser fortalecidos, son tiempos difíciles, y estos aún
han sido más difíciles en tiempos de pandemia.
Finalmente, el mensaje de
advertencia también es claro, Israel fue castigado a causa de su incredulidad,
cuando decidieron no tomar posesión de la tierra prometida. Fue en Cades, en la
frontera de la promesa divina, que ellos decidieron desconfiar y cuyo resultado
fue el juicio y la perdición para los que dudaron. Entonces el mensaje es de
confiar y no dudar, porque sólo aquellos que creen y confían, les queda como
promesa el reposo (4:11).
Aplicando a nuestros días, la
invitación es a no desviar nuestras mentes del autor y consumador de la fe
(12:2), porque no existe otro camino seguro en la vida cristiana. Los creyentes
pueden avanzar por fe y caminar seguros porque Jesús les brinda su auxilio y
cuidados. Es Él quien fortalece al que lo busca y le permite actuar.
Al igual que en los tiempos de la
carta, algunos podrían abandonar y regresar al judaísmo, también hoy algunos
podrían abandonar su fe, a causa de las dificultades que se encuentran en el
camino. Los peligros se relacionan con el descuido de la comunión y la
salvación (2:1-4), como hemos señalado antes, la incredulidad (3:7-4:13), el
abandono de la fe (5:11-6:20)
Invitación
Es evidente que no es fácil en
nuestro tiempo ‘progresista’, nuestras vidas pueden ser sometidas a distintos
tipos de dificultades y pruebas a causa de la fe. Como en el tiempo de los destinatarios
de la carta a los hebreos, no es fácil ser un seguidor de Jesús, la sociedad no
facilita la vida de los creyentes. Muy por el contrario, avanza a paso
agigantado a la independencia de todo lo sobrenatural y que tenga un mensaje
autoritativo como es la Biblia para los cristianos.
Es en nuestro tiempo cuando
podemos fortalecer la fe en medio de la dificultad y constatar al igual que la
iglesia del primer siglo como el Señor atiende y se manifiesta de manera única
y sobrenatural. Nuestra mirada al respecto debería ser de humildad a la
influencia revitalizadora del Espíritu Santo para que cada día podamos
experimentar la presencia de Cristo que fortalece una vida debilitada por una
naturaleza frágil y nos hace observar por la fe las maravillas que tiene para
sus hijos.
Pr.
Aarón A. Menares Pavez ©
Doctor
en Teología
[1]
Samuel Pérez Millos, Comentario exegético al texto griego del Nuevo testamento:
Hebreos (Clíe, Barcelona, 2009), 18, 19