Principio N°6. “La movilización para la evangelización se inicia a partir de la iglesia local”

Hasta aquí todo lo que hemos señalado está centrado en
la iglesia local y de manera especial en los principios 4 y 5, al hablar de
Hechos 2: 42-47; porque es en la iglesia local donde la misión es
generada. La misión, aunque tiene una
connotación mundial, no se centra en lo global, sino que, en lo particular;
porque es allí donde los creyentes tienen la posibilidad de testificar de su
fe. Lo global tiene trascendencia en las palabras de Cristo, cuando señaló que
el evangelio debe llegar hasta lo último de la tierra (Hch 1:8), o el
cumplimiento misional del anuncio del evangelio del reino a todo el mundo antes
del fin (Mt 24:14).
En iglesias como la adventista, el liderazgo hacia la
misión mantiene pautas que se esperan sean orientadoras para avanzar de manera
armoniosa en cuanto a su cosmovisión que mantiene la unidad e identidad de la
iglesia en general. Las pautas bien pueden
ser parámetros en lo macro que a su vez se transforman en fundaciones que
entregan solidez estructural para la construcción de la iglesia y la misión.
En este mismo sentido la iglesia apostólica también
tiene una estructura general que entrega directrices con el fin que la iglesia
local sea capaz de cumplir con la misión establecida por Cristo de anunciar la
salvación a los pecadores.
La misma comisión evangélica es una directriz para
seguir, porque al ir y enseñar, bautizar y discipular como un mandato a la
iglesia en general es un mandato para seguir por cada creyente. Por ello la
iglesia local debe establecer estrategias necesarias para así poder cumplir con
el objetivo de la iglesia en general.
El objetivo que le fue entregado a la iglesia era
llegar con el evangelio hasta lo último de la tierra, sin embargo, como podemos
observar en las cartas neotestamentarias, sean estas dirigidas a personas o
iglesias o las así llamadas universales, centraban el foco misionero o
congregacional en la iglesia local.
El concepto de iglesia local aparece en contraparte al
de iglesia global o universal. Cuando se
habla se una iglesia universal se está hablando de todos los cristianos. En el
caso de la iglesia apostólica se puede visualizar y diferenciar la idea de la
iglesia como macro y la iglesia como local.
Pablo usa la palabra ekklesía para describir a la
totalidad del pueblo de Dios independiente de su disgregación en distintos
lugares como lo son las iglesias locales que se reunían en las casas (Ef 1:22;
3:10, 21; 5:23-32; Col 4:15; Flm 2). En las otras epístolas del apóstol ekklesía
es usada frecuentemente como iglesia local; “como regla general significa
simplemente ‘la iglesia’, aunque algunas veces también ‘la iglesia de Dios’
(1Co 10:32; 11:22; 15:9; Ga 1:13; 1Ti 3:15) o simplemente como ‘la iglesia’”[1].
Una buena ilustración de esta distinción entre ambas
iglesias como local y universal, pero que no con ello eran entidades contrarias
la una de la otra, sino que se complementaban en el cumplimiento de la misión. En
el relato que Pablo hace sobre su conversión queda de manifiesto esta
singularidad, “y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco” (Hch 9:2), lo
mismo se refiere en el capítulo 22: 5 y 26:11.
En Damasco ya existía una iglesia local, al igual que en Jerusalén, cada
una con su distinción y características particulares que posiblemente la
distinguían la una de la otra, pero que en su fin compartían la enseñanza y
misión.
En el aspecto pastoral y epistolar del apóstol,
podemos identificar un mensaje exclusivo para la iglesia local, así se puede
desprender, por ejemplo, con los saludos a la iglesia de Corinto, “a la iglesia
de Dios que está en Corinto” (1Co 1:2; 2Co 1:1) dice el apóstol.
Para Pablo, tanto la iglesia en general como la
iglesia local no son separadas. El apóstol pone el acento en las relaciones de
la iglesia local; destacando que su localía es una representación del pueblo de
Dios en general[2].
En lo referente al cumplimiento de la misión de la
iglesia, la iglesia local aparece como clave para la evangelización. Michael
Green señala que “la iglesia, la congregación local es la matriz que da a luz
una evangelización saludable”[3], porque es a partir de
allí donde los creyentes tienen la posibilidad de compartir su fe; es en medio
de su entorno donde es posible la testificación de un Salvador que murió en
lugar nuestro, que resucitó, que ascendió al cielo y que regresará, según el
mismo lo prometió (Jn 14:6).
En su carta a los Tesalonicenses Pablo destaca este
hecho sobre la evangelización, que inicia en la iglesia local, “porque
partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor” (1 Tes 1:8), aún
más el texto describe que a partir de dicho trabajo evangelístico, la salvación
pudo llegar a Macedonia y Acaya. Jhon
Stott señala que de esta manera la iglesia local se convierte en una caja de
resonancia que amplifica el mensaje, una especie de satélite de comunicación
que recibe y retransmite un mensaje. Es
necesario que toda la iglesia que ha oído el evangelio, debe transmitirlo y
concluye que, si esto hubiera sido practicado, el mundo habría sido
evangelizado hace tiempo[4].
Este aspecto es lo más trascendente sobre la iglesia
local. La iglesia local mantiene una
identidad y distinción y así es capaz de cumplir el mandato misionero, tal cual
como lo señaló el Señor, primero en Jerusalén, luego en Judea, en Samaria y
hasta lo último de la tierra (Hch 1:8).
Este argumento es trascendental cuando planificamos
las acciones misioneras. Sin embargo,
existe un importante aspecto a incluir en dicha planificación; se hace
necesario considerar a la iglesia local, a la hora de planificar y elaborar
planes de evangelización. No es posible planear,
sin tener a la iglesia local en esta discusión, aunque esta sea una práctica
más que habitual, no solo en lo referente a las iglesias, sino que en todo
ámbito social en el que se lidere a grupos de personas.
Para Stott, “la evangelización por parte de la iglesia
local es el método más normal, natural y productivo de extender el evangelio en
nuestros días”[5].
La iglesia como tal, sea local o global, tiene una doble identidad, es decir la
iglesia ha sido llamada a salir del mundo a fin de adorar a Dios y enviada al
mundo para dar testimonio y servir[6], y esta doble identidad se
desarrolla a partir de la iglesia local, para fortalecer la iglesia global y de
esta manera cumplir con la misión evangélica.
Se debe ser muy cuidadoso al planificar sin considerar
ya sea la identidad y desafíos locales.
Esto, por ejemplo, puede variar según la cultura en alguna región del
mundo o incluso en un mismo país; ya que es posible que converjan distintas
culturas y subculturas. Por ello no es
lo mismo presentar el evangelio a una sociedad con altos índices de
secularismo, a otra donde los habitantes son renuentes a lo espiritual y
religioso.
Las diferencias pueden incluso observarse en ciudades,
ya que, en las grandes poblaciones urbanas, coexisten distintas culturas y
clases sociales, y si aún más consideramos el fenómeno de la migración, en las
ciudades que son cosmopolitas conviven distintas culturas representativas de
otras naciones diferentes a la nativa.
Estas y otras características nos obliga a mirar a la
iglesia local como la gran gestora de la evangelización, por ello se hace
necesario empoderarla invirtiendo tiempo y recursos en la preparación,
fortalecimiento, equipamiento y capacitación del liderazgo local, así como una
adecuada, contextualizada y acertada planificación que considere las
distinciones y características singulares de cada lugar; esto es hacer misión.
Equipando
a la iglesia local para la evangelización
El apóstol Pablo entiende que la iglesia debe
movilizarse a partir de la célula más pequeña, y que es necesario que sus
miembros al asumir su compromiso misional reciban el adecuado equipamiento, y
que dicho trabajo sea relacionado con los dones espirituales. En relación con los dones espirituales
abarcaremos en un capítulo futuro, sin embargo, es necesario mencionarlo ahora,
porque es indispensable para la evangelización que los miembros de la iglesia
local cumplan su ministerio en armonía con su vocación, dones y talentos que le
han sido regalados para ser una bendición a la iglesia local y mundial.
Efesios 4, nos entrega una clave al respecto. El
apóstol señala que en la iglesia han sido constituidas distintas funciones a
partir de los dones espirituales.
Apóstoles, profetas, evangelistas, pastores, maestros, con la finalidad
de “perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación
del cuerpo de Cristo” (Ef 4:11, 12). El
énfasis está muy claro, ya que la obra del ministerio que es la evangelización
se realiza por supuesto con la ayuda y liderazgo sobrenatural del Espíritu
Santo, pero es a partir de un liderazgo en la iglesia local.
Por ello se hace deber planificar, capacitar y direccionar
el accionar en la iglesia local, para el cumplimiento de la misión.
Elena White, al hablar sobre el establecimiento de la
obra en nuevos lugares describe el trabajo que la iglesia local debe realizar
junto al pastor. Ella habla de
capacitación, organización y un desafío de avanzada misionera. Entre las instrucciones podemos sistematizar
de la siguiente manera: 1) Instrucción adecuada en relación a métodos adecuados,
2) cada miembro cumpliendo su obra como parte del cuerpo de Cristo, 3) cumplir
obra misionera, 4) Asumir la responsabilidad personal en cuando a la fidelidad
de diezmos, fidelidad a Dios, 5) Alcanzar armonía entre los hermanos, 6) Los
miembros deben ser capacitados para liderar la iglesia local de manera autónoma
pero armónica con el liderazgo superior, 7) Un liderazgo capaz de asegurar que
la iglesia local se mantenga con asistencia y con identidad en Jesús y la
doctrina característica de la iglesia.
Ella dice que una vez que la iglesia local sea capaz de cumplir todo
esto, entonces los pastores podrán ir a otros lugares para abrir nueva obra[7].
Durante algunos años tuve a cargo en la Facultad de
Teología de la Universidad Adventista de Chile, la campaña evangelística que se
cumple en el tercer año. Observando las
estrategias que se habían realizado, decidimos proponer una que se relacionara
directamente con la iglesia local.
Cuando era alumno y realicé la campaña mientras estaba en el pregrado,
lo único que hicimos fue dar estudios bíblicos, además de poner las películas,
ser maestros de ceremonia, recibir y despedir a las personas que asistían al
centro de predicación.
En nuestra propuesta que realizamos junto al Decano a
las instancias superiores de la iglesia, se incluía una cohesión con la iglesia
local. Un alumno era asignado a una
iglesia y se lo empoderaba a partir del departamento misionero; los otros
estratos administrativos de la iglesia no eran considerados, ya que dicha labor
le correspondía a la junta y al pastor.
El hecho de trabajar en una iglesia, con todo el equipo misionero,
permitió cumplir algunos objetivos formativos de los futuros pastores y además
la iglesia local se vio beneficiada de manera notoria.
Los objetivos de aprendizaje para el alumno estaban
centrados en tres ejes, el primero como instructor bíblico, el segundo como
movilizador y capacitador de iglesia y el tercero realizar evangelismo y
participar de un evento evangelístico macro.
Los tres ejes estaban fundados en el contexto de la
iglesia local, porque los estudios bíblicos que el alumno tendrá están cercanos
a la iglesia local, estos alumnos serían a partir de su propio trabajo, pero
también en conjunto con los instructores bíblicos de la iglesia local. El objetivo de movilizador y capacitador se
cumplía con capacitaciones que el alumno realizaría a instructores y nuevos
instructores bíblicos en la iglesia local, así también con los grupos
pequeños. Esto cumple también con un
objetivo de discipulado, ya que en la interacción de los alumnos con los
hermanos de la iglesia local van a enseñar y ser enseñados en la misión; como
ya hemos señalado que el discipulado en la iglesia local también es mutuo.
El alumno junto a la iglesia preparaba una campaña que
lideraría él, pero que no sería solo un resultado de su trabajo, sino que en
conjunto con la iglesia local. Esta
acción se diferenciaba con la participación de un evento metropolitano, donde
junto a la iglesia asignada, participarían también de manera armoniosa de una
campaña con un evangelista invitado.
Como resultado de este trabajo integral entre los
alumnos de la Facultad y la iglesia local, no solo disfrutamos de bautismos,
también la iglesia local, al ser involucrada en la evangelización fue
fortalecida en sus bases. Los nuevos
creyentes no llegan como los que estudiaron con los alumnos de teología, sino
que son involucrados con el liderazgo local.
El resultado en cuanto a bautismo permitió durante
todos los años y en distintas ciudades y regiones del país que, del blanco
propuesto para cada alumno, en promedio de alcanzó un 80%. Los bautismos no solo se generaron al final
del período de la campaña, sino que a partir del primero de los tres meses de
la estadía en dicha iglesia local.
Hoy día enfrentamos una crisis de liderazgo en la
iglesia local, debido a los compromisos de tipo laboral que los miembros
tienen. Ello sobre todo en las grandes
ciudades juega en contra por el cansancio de cada uno. Entonces, se hace necesario fortalecer de
manera intencional el liderazgo local, incluyendo un empoderamiento tanto del líder
y de la iglesia local, porque es allí donde hacemos misión.
Considerando la figura del cuerpo que usa Pablo,
deberíamos observar la simetría y equilibrio necesario. De pronto visualizamos cierta desproporción
entre los miembros del cuerpo y la cabeza, que aparece más grande y
desproporcionada que el cuerpo.
Posiblemente sería un caso de hidrocefalia administrativa que impediría
una salud sana para que la iglesia cumpla adecuadamente la misión.
La cabeza es muy necesaria, porque es por quien
podemos pensar, observar, escuchar, expresarnos o también oír. El problema se genera cuando la cabeza no
funciona adecuadamente a causa de un exceso administrativo. En el caso de las iglesias no podemos olvidar
que es la iglesia local, la que genera el crecimiento, dicho crecimiento no
solo se relaciona con los nuevos conversos, también tiene que ver con lo
referente a financiamiento y al tipo estructural.
Este puede ser un principio para considerar en cada
uno de los niveles estructurales de cualquier organización. En el caso de lo que estamos observando,
también la iglesia local, debe mirar con detención que la cabeza no sea
desproporcionada en relación con el resto del cuerpo. El concepto de la pirámide invertida puede
ser de mucha utilidad, para así construir la iglesia en todos sus niveles a
partir de sus bases. Dicha acción
también estaría en acorde con la tónica que la sociedad está pidiendo para
todas las instituciones, sean estas gubernamentales, empresariales y
políticas. Las personas disfrutan al ser
empoderadas y capacitadas para cumplir con un objetivo.
Empoderar y capacitar a los líderes en la iglesia
local, permitirá a la congregación avanzar y conseguir objetivos misionales con
mayor precisión y de mayor y mejor alcance.
Stott, recomienda que el trabajo en la iglesia local
debe considerar desde el local de reunión, hasta la planificación de una
campaña evangelística[8]. Nosotros queremos proponer algunas pautas a
considerar que pueden ser de beneficio para el cumplimiento de la misión. En este sentido no podemos olvidar el
empoderar y equipar o capacitar.
Empoderar porque debemos entregar a los líderes la certeza que están en
condiciones para desarrollar sus dones y talentos que han sido obsequiados por
el Espíritu Santo. Es necesario que cada
líder comprenda que, si permite al Señor ser usado para la misión, podrá ver
que su radio de influencia se verá fortalecido y su trabajo traerá como
consecuencia resultados sorprendentes que honrarán a Dios.
Continuando con Jhon Stott, él señala que es necesario
que la iglesia debe observar su entorno, el grupo humano que es vecino a la
iglesia, su nacionalidad, su rango social, el tipo de familia, si existen
escuelas, el tipo de comercio, el tipo de vivienda, entre otros[9]. Este es un aspecto fundamental para así
elaborar planes adecuados para conquistar dicho territorio. En otras palabras, la iglesia local, no
tendría necesariamente que desechar las orientaciones superiores, sino que debe
adecuar y contextualizar dichos planes con el fin de poder alcanzar a las
personas donde está la iglesia.
En cuanto a las capacitaciones, estas deben estar
centradas también en la iglesia local, porque cada una de ellas es singular y
particular en cuanto al grupo humano que reúne.
Dicha singularidad también estará relacionada con el sector y el grupo
social. Algunas iglesias pueden tener un
grupo mayoritario de matrimonios jóvenes con muchos niños, otras iglesias pueden
tener una mayoría de jóvenes y otras pueden tener adultos de la tercera edad,
matrimonios jóvenes y niños. Por ello es
necesario que los lideres sean capaces de movilizar de manera distintiva a cada
una de las iglesias.
La carencia de liderazgo se puede deber a distintos
factores, posiblemente uno de ello pueda ser la hidrocefalia administrativa,
que no permite a nuevos liderazgos desarrollarse y crecer en favor y beneficio
de la iglesia.
En nuestra observación creemos que es necesario dar
fuerza al liderazgo en la iglesia local para fortalecer en temas
administrativos, en predicadores, ya que existe una ausencia en la predicación.
La predicación debe contener aspectos de hermenéutica básica, homilética,
técnicas de oratoria e impostación de la voz, igualmente es necesario que
conozca claramente el núcleo de doctrinas bíblicas.
En cuanto a los evangelistas locales, considerando en
lo respectivo a instructores bíblicos que sean capaces de enseñar la Biblia a
nuevos creyentes de manera que estos puedan comprender el plan de salvación y
la aceptación de Jesucristo y las doctrinas distintivas de la iglesia. Para que
de esta manera, los nuevos conversos lleguen a ser parte activa de la iglesia y
su misión.
Los evangelistas locales también deben estar
capacitados para organizar y liderar campañas de evangelismo que a su vez
traerán nuevos creyentes a la iglesia.
Entre otros liderazgos necesarios en la iglesia local,
se encuentran los que liderarán grupos pequeños y maestros de la escuela
sabática. Estos liderazgos son de tipo
pastoral, ya que requieren atención diferenciada a quienes están liderando. Tanto en un grupo pequeño como en la unidad de
acción el tipo de relacionamiento es básico y provee solidez a la iglesia
local.
Posiblemente pueda haber más liderazgos a fortalecer y
equipar, ello va a depender de las necesidades de la iglesia, porque es allí,
donde se cumple la misión, es en la iglesia local donde la movilización para la
evangelización se genera; es en la iglesia local donde se cumple la misión que
engrandece la obra en general. Es en la iglesia local, donde la iglesia
institucional alcanza su misión de proclamar el triple mensaje angélico al
mundo entero.
Pr. Aarón A. Menares Pavez©
Doctor en Teología
[1] Herman
Ribberdbos, El pensamiento del apóstol Pablo (Grand Rapids: Desafío, 2000), 431
[2] Ibid, 434
[3] Michae Green, La
iglesia local, agente de evangelización (Grand Rapids: Nueva Creación, 1996),
10
[4] Jhon Stott, El
cristiano, contemporáneo (Grand Rapids: Desafío, 2001), 231
[5] Ibid, 230.
[6] Ibid, 233.
[7] Elena White, El
evangelismo (Buenos Aires: ACES, 1993), 280.
[8] Stott, El
cristiano contemporáneo, 238, 239.
[9] Ibid, 237.